Festival de Música Diversa. DEP. 2003-2023

Algunos sabemos que la existencia no termina con la muerte. Eso no quiere decir que no sintamos una inmensa pena y gran dolor cuando un ser querido fallece. La muerte repentina del Festival de Música Diversa, en plena madurez juvenil, con veintiún años de estancia entre nosotros, supone una gran pérdida para la cultura de esta ciudad. Su vida no ha sido nunca fácil. Ha tenido que luchar, desde su nacimiento, contra la enfermedad del cáncer; ese cáncer de la política que todos estamos condenados a sufrir por el simple hecho de haber nacido en esta época.

Su nacimiento aconteció en un momento propicio. Clara Luquero dirigía esa Concejalía bajo la presidencia de la alcaldía de un abogado independiente a quien no le quedó más remedio que presentarse bajo las siglas de un partido para poder llevar a cabo lo que creía que debía hacer. Quizá (y esto es una mera opinión personal) este haya sido el momento más sublime en la concepción de la cultura en la historia reciente de esta ciudad. Desde aquel entonces, la cultura aquí se ha dormido sobre ese ya viejo colchón que se adquirió y se construyó en aquel momento. No ha habido innovaciones significativas desde entonces; todo lo contrario. Lo más que se ha hecho ha sido echar a perder lo conquistado.

Seguramente, tras estas palabras, se me encasille en una determinada ideología o creencia. Nada más lejos de la realidad. Pero esto es lo que nos enseñan: a encasillar a todos y a todo antes de leerlo o escucharlo para condicionarnos.

Para realizar con excelencia cualquier labor en este mundo, resulta precisa la entrega, la ilusión, el incansable trabajo desinteresado, el desapego a cualquier tipo de ideología, la libertad, la vocación. Para ser un buen concejal de cultura, es necesario tener una creatividad desbordante, las manos libres y limpias, vivir en el mundo de los vivos y no en la élite de los políticos, ser un buen gestor, un jefe exigente y compasivo con tus trabajadores y colaboradores, ser humilde, estar abierto al perfume de ideas nuevas y, sobre todo, no auto limitarse con creencias erróneas como que Segovia es una pequeña ciudad de provincias. Porque Segovia tiene bagaje patrimonial, cultural y personal suficiente como para convertirse en la capital mundial de la cultura. ¿Quién ha dicho que no? Esta ciudad cuenta con suficiente historia, creadores y degustadores del saber, como para llegar a ser el paraíso de la sapiencia en el infierno de la vulgaridad.

El asesinato por estrangulamiento del Festival de Música Diversa da pie a indagar sobre la esencia del verdadero problema de la cultura en Segovia. Cuando el interés general sucumbe ante el particular, no ya de unos simples políticos de provincias, sino de unas entidades que trascienden a la ciudad y a la nación denominadas por partidos, que su vez son marionetas de lobbies globalistas que marcan las pautas de lo que deben hacer sus secuaces para beneficio propio subyugando al ciudadano, es el punto crucial. Pero, hay más. En Segovia siempre hay más.

Estamos llegando a un nivel de conformismo inusitado que nos hace indignos de la memoria de nuestros padres y de nosotros mismos. Comienza a verse normal lo anormal, admisible lo inadmisible, a tragarnos gusanos e insectos, a aplaudir que nos encierren. Nos cambian la ubicación de las ferias del histórico lugar en el que se han celebrado siempre. Nos cierran calles sin alternativas viales ni explicación alguna. Nos hurtan los cines y nos obligan a consumir películas infumables. Cambian la fecha de la media maratón a conveniencia de intereses políticos en perjuicio del corredor que entrena con ahínco.

Pero que nos roben algo tan nuestro como el Festival de Música Diversa, es algo que no puede dejarse morir en el limbo del silencio. Quien escribe y muchos de quienes lean este artículo, hemos participado como artistas y “consumidores-disfrutadores” de este magnífico evento cultural. Muchos hemos participado casi gratis, a taquilla de dos euros, porque no había presupuesto. Su vocación ha sido siempre fomentar lo local y completarlo con otras músicas que merecen la pena. Su equipo directivo, asequible, siempre amable, abierto a toda idea o innovación, con dedicación altruista en favor de la ciudad, trabajador. A lo largo de estos años, miles de voluntarios hemos ofrecido nuestro tiempo para suplir el “racaneo” de la Administración y para que todo pudiera seguir adelante. Otros les han abierto las puertas de sus patios particulares. Han luchado contra viento y marea. Les han quitado fondos prometidos en el último memento. Les han negado acceso a lugares emblemáticos de la ciudad que ancestralmente les habían sido ofrecidos.

Eso es lo que tenemos. Cualquier día dicen que se acabó el Titirimundi y, como ahora, nos callaremos. Antes, lo habrán ido asfixiando poco a poco, como ahora. Esta es la política de los políticos. En fin, ¡Qué pena! ¡En manos de quién hemos dejado la gestión de nuestra cultura! Quizá tengamos que empezar a organizarnos por nuestros propios medios para gestionar nuestras vidas, como se ha hecho siempre. Y, en este caso, me pregunto, ¿a dónde van a parar nuestros impuestos? La respuesta es más que obvia.

Pero este es el momento de despedirse y agradecer. El Festival de Música Diversa ha abierto las puertas de la cuidad a otras músicas, a otro tipo de turismo, a una cultura más allá del cochinillo y el cordero. Ha dado cobijo a muchos estilos innovadores a gusto de unos y de otros. Ha creado un ambiente de concordia, de unidad en la diversidad, con una programación inteligente que abarcaba casi todo.

Habéis hecho una gran labor. La ciudad os lo agradece. A todo el equipo de la Asociación del Festival de Música Diversa, gracias. Somos muchos los que esperamos teneros de nuevo, pronto, entre nosotros.