Feminismo y prostitución

Hace no tantos años la violencia en el seno de la pareja era un problema privado en el que los demás no debían inmiscuirse. Hemos logrado cambiar de arriba abajo esta visión, respetuosa con el violento y cómplice de su abuso. Es verdad que no logramos todavía salvar a todas las mujeres pero, al menos, la ley y la opinión no refrendan el delito. Ha sido un enorme avance.

¿Qué toca hacer ahora? El próximo gran reto de la lucha por la igualdad y la erradicación de la violencia contra las mujeres es la abolición de la prostitución.

Que es imposible lograrlo, que siempre existirá, que es –hay quien lo opina- deseable que exista… son las mismas cosas que se decían al respecto de la esclavitud hace un par de siglos. Pero esta resignación no sirve para avanzar.

Es clave que abramos los ojos ya: la prostitución es el mayor sistema de construcción de desigualdad existente en nuestros días, así como un método eficaz de control y sometimiento de género. Hay que alinearla, en su nivel de violencia, con la práctica de los vientres de alquiler o el tráfico de órganos. Es vital que todos tengamos claro que no hay prostitución sin violencia. No podemos hacer la distinción bienpensante entre mujeres que ‘eligen’ prostituirse y mujeres que son explotadas contra su voluntad, del mismo modo que no cabe en la cabeza de nadie que se elija libremente vender un órgano vital, vender a tu bebé, o alquilar tu vientre para que otros puedan tener un hijo. Todas estas son formas terribles de violencia a las que se llega por la vía de la explotación; que solo pueden parecer opciones a quienes no tienen ninguna opción en la vida; que únicamente se comprenden desde la miseria, la desigualdad y la falta de oportunidades.

El próximo gran reto de la lucha por la igualdad y la erradicación de la violencia contra las mujeres es la abolición de la prostitución

No hay alegría ni ternura en la prostitución, solo deterioro emocional, mental y físico. No hay libertad sexual en la prostitución, solo violaciones sin cuento soportadas por dinero o por fuerza. Los terapeutas que tratan a las mujeres cuando logran escapar de la prostitución denuncian unos niveles de estrés postraumático más graves que los de los excombatientes de conflictos bélicos. Las situaciones que se viven en la prostitución no tienen nada que ver con los adjetivos que la sociedad ‘moral’ les aplica: “Mujeres de vida alegre”. ¡Qué eufemismo atroz! Es lo opuesto al erotismo, a la búsqueda del placer sexual de dos adultos que lo desean libremente. Conviene recordar que la esperanza media de vida de las mujeres prostituidas se sitúa en torno a los 42 años.

La abolición de la prostitución se puede lograr, como nos lo ha demostrado Suecia, país en el que la Ley penaliza al cliente y genera recursos de reinserción para las mujeres. Una Ley respaldada por el 80% de los suecos, según informa el propio gobierno, porque ha logrado hacer disminuir la demanda en un 70%, de manera que la trata ha bajado en igual proporción. En este país han decidido que no es bueno educar a los jóvenes en la idea de que, pagando, es legal usar a nadie.

Equiparar prostitución con trabajo, hablar de ‘las trabajadoras del sexo’ o de su ‘cartera de ingresos‘ es hacerle el caldo gordo -sin darse cuenta- a los proxenetas que, dicho sea de paso, han encontrado en la explotación de mujeres un negocio mucho más seguro a día de hoy que el tráfico de armas o de drogas, por ejemplo, y casi igual de lucrativo. De hecho, esos supuestos sindicatos de ‘trabajadoras del sexo‘ que aparecen en los medios de comunicación día sí, día no, mostrando jóvenes universitarias encantadas de prostituirse, “mucho mejor que fregar suelos”, están organizados y financiados por las redes de proxenetas, según la experiencia que nos transmiten las asociaciones feministas de Francia, Alemania, Argentina y otros países en los que se legalizaron algunos de estos sindicatos que luego han sido sentenciados por proxenetismo.

¿Qué ha pasado en los países donde se ha legalizado la prostitución, hablando de dignificar así su ejercicio? En Alemania, por ejemplo, las mujeres en prostitución que se han dado de alta como autónomas no llega al 5%. En Holanda alcanza un 8%. La calidad de vida de las mujeres no ha mejorado: siguen ejerciendo en las mismas condiciones que antes. Pero sí lo ha hecho la de los proxenetas, que pueden explotar a las mujeres sin temor a ser perseguidos. La policía denuncia que, en esas condiciones, se hace materialmente imposible perseguir el tráfico de mujeres. De hecho, éste ha aumentado de tal manera en Holanda que el gobierno se está planteando ahora seguir el modelo sueco y perseguir a los clientes, como única forma eficaz de luchar contra la explotación.

Aquí, de momento, todavía muchos consideran que la prostitución es un paso obligado de la adolescencia a la masculinidad adulta, o el ingrediente imprescindible de algunos jolgorios: el sufrimiento que conlleva no cuenta.


(*) Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres. malostratos.org