Felicidades, Adelantado

Un 16 de octubre de 1901 nacía en esta ciudad ‘El Adelantado de Segovia’ en su formato de papel diario. Desde entonces, salvo Navidad y Año Nuevo, no ha faltado ni un solo día en nuestras casas. Son pocos, muy pocos, quienes pueden alardear de tan heroica hazaña. Sobreviviendo a guerras, crisis y pandemias, ha superado en longevidad a los ancianos más sabios.

Hoy es un día para felicitar con emoción y cariño a los actuales legatarios de tan excelsa labor socio-histórica-cultural en la villa que habitamos, desde su editora, su director, redactores, periodistas, trabajadores y colaboradores. Sin lugar a dudas, estamos celebrando el nacimiento de un periódico que ha plasmado en imágenes y palabras la historia cotidiana de nuestra ciudad. Testigo inestimable de cuanto nos ha ocurrido y amigo entrañable con el que hemos convivido.

Me siento indigno de plasmar aquí una valoración sobre el trascendental impacto que este diario supone para esta ciudad a nivel histórico. Dejo esa labor para los más versados historiadores, cronistas o sociólogos. Pero sí me atrevo a escribir sobre los más íntimos sentimientos que El Adelantado provoca en mí, que serán fácilmente reconocibles por un amplio sector de sus lectores.

Casi sin darnos cuenta, se fue convirtiendo en un miembro de la familia

Dirigiendo la memoria hacia atrás, hacia muy atrás, uno de mis primeros recuerdos dibuja la figura de mi padre, sentado a la mesa camilla, calentando sus pies en el brasero, leyendo El Adelantado. Utilizaba unas gafas destinadas en exclusiva para ese sagrado ritual diario. Mi tío Julio, antes de que lo hiciera el colegio, me enseñó a leer, no sobre una cartilla, sino sobre las páginas del periódico. Desde entonces, con sus idas y venidas, con mayor o menor fidelidad por mi parte, jamás ha dejado de acompañarme. Casi sin darnos cuenta, se fue convirtiendo en un miembro de la familia:

–¿Dónde está El Adelantado?

–No lo ha traído el repartidor hoy.

–Pues me acerco al kiosco a por él.

Yo no podía dejar que pasara un día sin chupar mi dedo corazón para saborear esas páginas grandes, rugosas, suaves y finas llenas de crónicas y de historias, de letras y de palabras. Su olor exclusivo, característico, propio e inimitable, impregnaba mis fosas nasales cada vez que pasaba de una a otra hoja. Un mundo más allá de la casa o del ‘cole’ se desplegaba ante mí, en gran formato, para que lo explorara. Cuando, estudiando ya en Madrid, regresaba a casa algún fin de semana, El Adelantado me estaba esperando fielmente, en su lugar de costumbre. Por aquel entonces, solo a través de sus páginas se podía conocer al instante la película que daban en El Cervantes o en El Sirenas. Lo mismo ocurría con los conciertos, exposiciones o cualquier evento interesante que pudiera suceder en Segovia. Era la pantalla en la que se proyectaba el cambio de una ciudad que nunca cambiaba. Y es que en Segovia, pasaban tantas cosas, que nunca pasaba nada.

Su estructura, con el paso de los años, ha pasado a ser como el pasillo de casa

Aunque fue el primero en digitalizarse, siempre he preferido leerlo en papel. Su estructura, con el paso de los años, ha pasado a ser como el pasillo de casa. Nunca te pierdes en él cuando buscas una noticia concreta.

Si las historias normalmente comienzan por el primer recuerdo y finalizan por el más reciente, es porque entre ambos, aunque haya pasado casi una vida, no hay diferencia. Ese pálpito de emoción que se mantiene siempre presente es lo que da color a esta existencia. Esa misma vibración que emanaba de mi padre sentado a la mesa camilla leyendo El Adelantado, se repitió hace unos días, en la clausura del Hay Festival. Allí pude estrechar una mano cargada de memoria, de crónicas, de entusiasmo, de amor al periodismo, de sabiduría. Tras una entrevista-charla-coloquio, que no fue ni lo uno ni lo otro, magistralmente guiada por Ángel González Pieras, Luis María Anson puso el broche de oro para la apertura de esta celebración.

–Es un honor para mí estrechar su mano, Maestro –le dije en un nudo de emoción contenida.

–Mayor honor es el mío al estrechar la suya –me contestó desde su caballerosidad exquisita.

Por todos estos recuerdos, por nuestra amistad y mutua compañía, en este tu aniversario, felicidades, Adelantado.