Fascistas, aquí y ahora

Ocurrió el miércoles en el Congreso so pretexto de comentar la política exterior del Gobierno y los contenidos del último Consejo Europeo. Allí tronó Gabriel Rufián, portavoz de ERC: “El fascismo es fascismo por mucho que lleve detrás una estelada como un camión”.

O una ikurriña, añadiría el arriba firmante.

Aludía Rufián a los ultranacionalistas y ultraderechistas de Silvia Orriols (Aliança Catalana). Y de paso, a quienes estén dispuestos a pactar con este grupo reaccionario surgido de las entrañas de Junts, el partido de Carles Puigdemont. Entonces recordé las declamaciones del joven candidato de Bildu a las elecciones vascas del próximo 21 de abril.

Pello Otxandiano explicó que la violencia terrorista (no lo dijo así, claro) pertenece a un ciclo político superado. En el mismo mitin el líder de Sortu (herederos políticos de Eta), Arkaitz Rodríguez, tuvo un recuerdo afectuoso para los presos de Eta y celebró el fin de la dispersión de estos. El pequeño detalle es que eso ocurrió en Andoain (Guipúzcoa), a unos 200 metros del lugar donde el terrorista Ignacio Guridi Lasa asesinó en mayo de 2000 el periodista José Luis López de la Calle.

Pura coincidencia. La exalcaldesa y ahora concejal socialista, Maider Laínez, comentó que “aquí los jóvenes no saben nada sobre el asesinato de López de la Calle”. Al terminar el mitin, un periodista sondeo a los asistentes. Uno de ellos, debutante en la intención de votar a Bildu, dijo: “Eta es el pasado y al que le tocó tuvo mala suerte”.

Se llama memoria selectiva. Hay quienes trafican políticamente con la memoria de los crímenes franquistas de hace más de ochenta años, pero no quieren saber nada de las recientes salvajadas del terrorismo vasco. El olvido cursa como presunta terapia sanadora de la sociedad vasca y, con ocasión de la campaña electoral, es lugar común constatar que a las nuevas generaciones no les motiva el pasado.

En los ambientes nacionalistas y en los medios más escorados a la izquierda, incluida la versión vasca del PSOE, se ve como una gozosa señal de “normalización” que acoge a los continuadores -ya a golpe de urnas y no de balas- de quienes mataban en nombre de la patria vasca.

Algunos no estamos por la “normalización” si viene asociada al olvido. Se pueden olvidar las circunstancias de un atentado, un secuestro, un tiro en la nuca. Se puede entender que los jóvenes no sepan quién fue Miguel Ángel Blanco, si nadie se lo cuenta. Lo que no se puede olvidar ni dejar de explicar en las escuelas es que la eliminación física del diferente es fascismo puro y duro. Y quienes lo practicaron o quienes ensalzan a quienes lo practicaron son unos fascistas por mucho que lleven detrás una ikurriña como un camión.