Éxito en Nava (I)

El periodismo tiene facetas que no lucen en la inmediatez, pero son igualmente interesantes. Varios meses investigando la historia del balonmano provincial constata mis sospechas: Segovia tendría que ser en el panorama nacional actual tan pujante como lo son en la actualidad Valladolid o León, pero dejó pasar su oportunidad.

Segovia descubre el balonmano en 1935, siete años después de la creación del organismo internacional que lo regula – la IAHF – y cinco después de empezar a practicarse en España, donde adquiere oficialidad en los años 40 y comienza a jugarse en sala en los 50. En Segovia el primer recinto cubierto – el Enrique Serichol – data de 1965.

Gracias a los colegios de la ciudad el nuevo deporte adquiere un inusitado impulso en los 60. Escolares dejan el fútbol por el balonmano, nace la primera liga senior con seis equipos masculinos y conjuntos femeninos participan en sectores nacionales. Durante años coexisten tres trofeos provinciales por curso: Liga, Copa Presidente y Trofeo Primavera. Son tiempos en los que Buenaventura Navarro o Salvador Trucharte, entre otros, sientan las bases que proponen a Segovia como santuario nacional del balonmano.

El CP Nava alerta del deterioro de la estructura mucho antes del cierre de la Delegación Provincial en los 90 cuando los naveros, empeñados en crear una estructura sólida, no encuentran rivales en la provincia con los que competir. Ese contexto, de vacío casi absoluto, es el punto de inflexión en la historia del Balonmano Nava que los lleva a la élite mundial de su deporte.