Es algo más que soberbia infantil

Desde la oposición, el Partido Popular quería que compareciera en el Congreso la ministra de Igualdad, Irene Montero, para explicar lo que está pasando con la ley llamada del “solo sí es sí” cuya aplicación está permitiendo excarcelaciones y rebajas de penas a los agresores sexuales. A fecha de hoy: 19 y 244 respectivamente.

Pero no habrá explicaciones porque el bloque de partidos que apoya al Gobierno, actuando como “rodillo” parlamentario y con la colaboración de la presidenta de la Cámara, Meritxell Batet, han rechazado la comparecencia. Y no solo la de la ministra de Igualdad, también fueron rechazadas otras siete peticiones más para que otros miembros del Ejecutivo respondieran de algunas de sus iniciativas. Desde que le ha cogido gusto a gobernar por decreto-ley la deriva autoritaria en la que está embarcado Pedro Sánchez deja huellas por doquier que delatan el empobreciendo de la calidad de nuestra democracia. En un sistema parlamentario el papel de la oposición es controlar al Gobierno. La práctica del “rodillo” es legal, pero se aviene mal con los usos y costumbres de las democracias más avanzadas.

Impedir preguntar a la oposición en el Congreso por el escándalo que están provocando las rebajas de penas y las excarcelaciones de agresores sexuales es utilizar la táctica del avestruz. Es un escándalo que la opinión pública percibe como tal y que se agrava ante el empecinamiento de quienes desde el Ministerio de Igualdad se niegan admitir el error y deberían proceder a sustituir una ley que formulada en los términos que conocemos —por el principio de retroactividad— favorece a los condenados.

De “soberbia infantil” tildaba Manuela Carmena, ex jueza, ex alcaldesa de Madrid y hasta no hace mucho icono de la movida podemita. Como señalaba Alfonso Guerra, en términos políticos alguien tendrá que pagar tanta incompetencia. Y los barones regionales del PSOE temen que puedan ser ellos las víctimas de los efectos electorales negativos que puede tener el goteo de excarcelaciones. Temen, con razón, que la situación pueda prolongarse hasta mayo, mes en el que se celebran la elecciones. Miran hacia La Moncloa pero no alientan muchas esperanzas porque saben que Sánchez cuida sus intereses personales no tocando el vínculo con Podemos y hace oídos sordos a las voces que llaman a frenar el escándalo que provoca el goteo de rebajas a los condenados por delitos sexuales. Cuesta entender el empecinamiento del Gobierno negándose a cambiar la ley. Sostenerla y no enmendarla va camino de ser algo más que soberbia infantil.