Ermita del Cristo
Ermita del Cristo

No es la primera vez que desde estas páginas se hace referencia a la celebración de la Catorcena correspondiente a la antigua parroquia de San Juan de los Caballeros, asumida por la UPA El Cristo del Mercado – Santa Teresa de Jesús, en el presente año 2022, pues ya el 12 de diciembre de 2021 vio la luz un completo ensayo firmado por Juan de Montoya.

El presente artículo pretende recordar que uno de los motivos de celebración de las diferentes catorcenas a lo largo de los siglos ha sido la realización de obras por parte de la correspondiente parroquia, a fin de que quedara constancia del interés de los feligreses del momento por la conveniencia de la celebración.

Los archivos parroquiales de la ciudad son pródigos en datos acerca de dichas iniciativas y de la dotación de piezas litúrgicas con las que se enriquecía el templo con dicho motivo.

La Comisión al efecto constituida en la UPA El Cristo Santa Teresa, teniendo en cuenta que, en la actual celebración pastoral, una Catorcena ha de ser una fiesta de exaltación litúrgica, superando así la tradicional conmemoración del sacrilegio y desagravio correspondiente asumido durante siglos, consideró oportuno proceder a la restauración del retablo lateral derecho de la ermita del Cristo del Mercado, toda vez que el lienzo que le preside representa La Última Misa de San Gregorio.

Tanto el estado de conservación de dicho motivo como del retablo hacía muy conveniente destinar algunos medios económicos para devolverle su esplendor perdido, y los feligreses que acuden a la ermita han podido apreciar, desde hace varias semanas, que los trabajos ya han comenzado pues se ha desmontando el lienzo y algunas partes del retablo para su restauración en el taller correspondiente, ya que se pretende que los trabajos concluyan con anterioridad al primer fin de semana de septiembre, momento en que tendrán lugar las principales celebraciones catorcenales.

El aspecto del retablo en cuestión corresponde a los años en torno a 1660, momento posterior a la ampliación de la nave de la ermita que se llevó a cabo entre 1657 y 1666, cuya consecuencia más grave fue el hundimiento del techo de la Capilla Mayor que dañó el anterior retablo mayor y obligó a la realización de uno nuevo.

Hacia 1661 ya se había montado el retablo lateral del lado del Evangelio, dedicado a Nuestra Señora, y en torno a 1666 ya había sido montado éste dedicado a San Gregorio, frontero del anterior, ambos con idéntica traza. El lugar en que se alzaban era el centro del muro lateral, bajo la ventana abierta en cada lado.

Desconocemos al autor del lienzo, probablemente fruto de la donación de un devoto como era habitual en las piezas ornamentales que iban decorando el templo. Sí han quedado datos en las cuentas de la ermita del pago de 730 reales al dorador Francisco de la Presa por su trabajo en el retablo, no constando en cambio quien fue el ensamblador de la pieza. El dorador Francisco de la Presa había trabajado en el retablo mayor del Santuario de Nuestra Señora de la Fuencisla y sería uno de fundadores de la Hermandad de Doradores de la ciudad cuando esta se instituyó en 1680 en el Hospital de Sancti Spíritu.

La devoción a San Gregorio en la ermita del Mercado venía de antiguo pues el primitivo edificio sabemos que contaba en los años finales del siglo XVI y primeros del XVII con “un altar que se hizo nuevo y en él un retablo pequeño con San Gregorio y San Roque” que ocupaba el mismo lado izquierdo, aunque en el muro lateral de lo que hoy es el presbiterio del templo. Probablemente ambos santos estuvieran representados por sendas pinturas sobre tabla, sustituidas a fines del XVII por el lienzo al oleo que conocemos, motivo de la presente restauración.

Gregorio I el Grande, Papa del siglo VI, fue uno de los cuatro Padres de la Iglesia latina. Su biografía, escrita en el siglo VIII por Pablo Diácono, fue popularizada en el siglo XIII en la Leyenda Dorada. Una leyenda tardía hablaba de la duda de uno de los asistentes a la Misa celebrada por el Santo, acerca de la real presencia de Cristo. La plegaria del oficiante hizo que de inmediato Cristo descendiera sobre el altar mostrando sus estigmas y rodeado por los instrumentos de la Pasión.

La leyenda surgió en Roma, en la iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén, donde tuvo lugar la visión. Fue muy popular entre los siglos XV y XVI, difundida por los romeros que recorrían las siete basílicas de la ciudad eterna, a su vez favorecida por las indulgencias papales. En nuestra ciudad goza de merecida fama la pintura con este motivo de Pedro Berruguete conservada en el Museo de la Catedral.

Ya en los primeros años del siglo XVIII, la colocación del púlpito en la ermita del Mercado hizo necesario cambiar la ubicación de ambos retablos aproximándolos al arco de acceso a la cabecera del templo, ocupando cada uno el rincón correspondiente a cada muro lateral.

Loable iniciativa que pondrá en valor una de obras pictóricas más necesitadas de atención de la ermita, siguiendo la ancestral tradición amparada por la celebración de la Catorcena.
Laus Deo.
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(Por la Comisión Parroquial, Alberto Herreras Díez).