En el culo del mundo

Estaba leyendo con mucha curiosidad un interesante artículo de Ángel Gracia Ruiz “La ciudad de las cinco puertas y los ocho postigos”, cuando al final me encuentro con la siguiente afirmación: “quizá alguno de estos nuevos ediles resuelva de una vez por todas las nefastas consecuencias de haber construido una estación de tren que nos une al mundo, en el mismo culo de ese mundo”.

Trataré de aclarar las “nefastas consecuencias” de la ubicación de la estación de tren de Segovia, porque es algo que me atañe muy directamente, pero también a toda la sociedad segoviana de la época como procuraré demostrar en un escrito aparte. Que Segovia tenga estación del AVE ya es un éxito, aunque sea en el culo del mundo como dice, porque estuvimos a punto de no tener estación ni ahí ni en ningún sitio. Y como ya estoy alejado de la política activa, puedo contar las cosas sin ninguna reserva y con total tranquilidad.

No obstante, para comprender este asunto, sería conveniente comenzar hablando brevemente de lo sucedido en el s.XIX cuando Segovia se quedó fuera del trazado de la línea del Norte que finalmente pasó por Ávila, dejándonos aislados y muy preocupados por nuestro futuro. En la ciudad hubo una convulsión como nunca se había visto y se acusaba a los diputados de no haber cumplido con sus obligaciones y de no haber actuado con la diligencia debida. Al diputado Valentín Gil Vírseda lo insultaron por la calle, incluso se amotinaron para pedir su dimisión y hubo quien pedía darle dos tiros. Al parecer, no había aparecido por el Congreso en el momento más importante cuando se decidía el duelo entre Ávila Y Segovia, y eso hizo que los segovianos le pidieran responsabilidades.

El hecho es que Segovia en 1855 perdió simultáneamente el ferrocarril y la casa de la Moneda por lo que los segovianos se sentían humillados y muy alterados. No es este el sitio para desarrollar aquellos meses trágicos pero es conveniente que la gente se ilustre al respecto para conocer bien la historia de su tierra.

El resultado de haberse quedado aislados, tuvo como consecuencia obligar a los segovianos a utilizar dos ramales: uno a Villalba para conectar con Madrd y el resto de España y otro a Medina del Campo para conectar con el Norte. Todavía recuerdo con horror cuando mis padres me enviaban a Francia y tenía que esperar dos o tres horas en Medina a que llegara el Madrid-Irún para llegar a la frontera y allí subirme a un tren francés. ¡Eso sí eran viajes!

Pues bien, a finales del s. XX nos encontrábamos otra vez en la misma situación. El gobierno de Felipe González había proyectado el trazado del ferrocarril del Norte que subía desde Madrid a Somosierra y cruzaba la provincia sin parada alguna, dirigiéndose directamente hacia Valladolid. Era la línea Madrid-Valladolid y en Segovia queríamos Madrid-Segovia-Valladolid. Otra vez nos veíamos olvidados y humillados y con graves dificultades para utilizar el ferrocarril, esta vez de alta velocidad y que además seria la futura línea del s.XXI. El trabajo al que nos dedicamos los segovianos que teníamos alguna responsabilidad, fue a tratar de cambiar el trazado para que pasase por Segovia. No fue tarea fácil y además nos volvíamos a topar con ese gran túnel que nadie se atrevía a acometer. Para más complicación, la estación de Segovia está en fondo de saco, con lo cual incluirla en el trazado era imposible por múltiples razones, todas ellas fácilmente comprensibles.

He hecho esta brevísima introducción, porque las palabras de Angel Gracia Ruiz me parecen ciertamente injustas y además entiendo que son compartidas por muchos, porque yo mismo lo he oído en ocasiones. Por eso, me he dedicado estos días a pelear con mi mala memoria y recordar algunos datos que pueden ser ilustrativos del gran trabajo que tuvimos que desarrollar los segovianos para conseguir estar en el trazado, tener una estación y no volvernos a quedar fuera como ya sucedió el S.XIX. Para ello, aparte de mi memoria, he echado mano de los diarios de sesiones del Congreso y de la espléndida hemeroteca de El Adelantado.

Mandaré este pequeño trabajo al periódico y por ello he tratado de reducirlo lo más posible para no resultar pesado, pero el hecho es que resumir una serie de años sobre un ingente trabajo colectivo, resulta ciertamente complicado.También quiero añadir que tuve la gran suerte de estar en el centro de decisión gracias a la confianza que me otorgaron mis conciudadanos, por lo que todo lo que digo es de rigurosa primera mano.

Por el nombre y los apellidos imagino que el autor del escrito es hijo de D. Ángel Gracia, hombre bueno y ejemplo de simpatía y cordialidad, a quien recuerdo con gratitud y afecto porque siempre que me veía preocupado o disgustado por algún problema, me daba una palmada en la espalda, y con una gran sonrisa me animaba a seguir peleando. Por eso, el pequeño trabajo que he hecho sobre el AVE, y que mandaré a El Adelantado, quiero dedicárselo a él y a todos los que durante ese duro período, que fue largo, ayudaron para que no tirásemos la toalla en los malos momentos.