En defensa de la libertad de expresión y de la libertad religiosa

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Ante la decisión, por parte de un juzgado de Segovia, de dirimir sobre si se coloca o no la estatua del diablillo en la cuesta de San Juan, atendiendo al recurso de una asociación segoviana ultra de nuevo cuño, el CRAM expone lo siguiente.

La figura del diablo, en sus diferentes formas y nombres, es muy anterior al cristianismo, de hecho, éste lo heredera de otras religiones y culturas y lo adopta a su doctrina e iconografía. Es una figura común a la gran mayoría de religiones y culturas del mundo.

Dentro de la cultura popular e incluso religiosa, en España, la figura del diablo es representada continuamente en cientos de obras artísticas, actos y celebraciones de todo tipo. En Segovia, por ejemplo, son conocidas las diferentes representaciones del diablo en sus iglesias románicas de la capital y la provincia, o la celebración, todos los 23 de Agosto, en Sepúlveda, de la festividad de Los diablillos. Celebración, esta última, que curiosamente, ha sido declarada recientemente Manifestación Tradicional de Interés Cultural Provincial, con el apoyo de todo tipo de instituciones civiles y religiosas.

Qué decir de la celebración de los carnavales, donde la figura del diablo es central con escenificaciones, disfraces, charangas o carteles. ¿Pedirá esta asociación la prohibición de los Carnavales como durante el franquismo?

Como muy bien decía Luis Peñalosa el pasado Noviembre, a propósito de este asunto: “…los segovianos no creyentes, que somos muchos, damos permanentes muestras de respeto y paciencia ante las innumerables muestras de fervor religioso que, con tanta frecuencia, ocupan nuestros espacios y monumentos públicos, como para que el Obispo de la Diócesis, o algunos de sus correligionarios, pretendan hacerse víctimas de acoso a sus creencias, como ocurre ahora con motivo de la colocación de un diablillo jocoso, como reclamo turístico, en las proximidades del acueducto. Se trata de recordar la popular leyenda, tan inconsistente, para mí, como tantas otras que se sustentan en tradiciones religiosas.”

El caso de Segovia y su diablillo no es un caso aislado y se suma a la oleada de denuncias “contra los sentimientos religiosos” de la ultraderecha católica española con el objetivo de atacar los principios más básicos de la libertad de expresión y libertad religiosa: el caso de La Cofradía del Coño Insumiso de Sevilla, Willy Toledo, la comparsa Hontzak en Bilbao, el joven de Jaén multado por poner su cara en una foto de Jesucristo o el caso del cartel del Carnaval de A Coruña, son sólo los más conocidos de entre las decenas de casos en toda España.

Cuando hablamos del auge de la extrema derecha en España no se escapa que ésta se aglutina, fundamentalmente, en torno al discurso de la ultraderecha religiosa de la Conferencia Episcopal, sus medios de comunicación y sus instituciones educativas.

Siendo graves, estas situaciones no son más que la punta de iceberg de los privilegios, en este caso legales, que la iglesia, en especial la católica, posee en España, derivados de la falta de división real entre la Iglesia y el Estado (principio básico de cualquier democracia) heredada del periodo de la Transición y apuntalada, durante estos 40 años, por el vergonzante e incumplido (autofinanciación) acuerdo con el Vaticano de 1.979.

¿A quién le puede sorprender lo del diablillo cuando nuestros alcaldes se postran ante San Roque cada año? ¿A quién le puede sorprender lo del diablillo cuando nuestra patrona se pasea bajo palio con las armas de nuestros cadetes? ¿A quién le puede sorprender lo del diablillo cuando todos los años dedicamos miles de millones a la iglesia por el mero hecho de existir? ¿A quién le puede sorprender lo del diablillo cuando la iglesia ha expoliado y expolia nuestro patrimonio impunemente?¿A quién le puede sorprender lo del diablillo cuando el falangista abad del Valle de Los Caídos impide la exhumación de Franco y de miles de asesinados por él?

Es necesario romper con este círculo vicioso derogando ese concordato y que, de una vez por todas, el estado español se convierta en una institución laica, sin vinculación con ninguna confesión religiosa. Esta situación sólo se podrá conseguir a través de la vía republicana.