Emilio Montero Herrero – Segovia, ciudad saludable a través de la caminata

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Seguramente, habrá leído u oído muchas veces alguna frase igual o parecida a esta: El ejercicio es, junto a la alimentación y la gestión del estrés, uno de los tres pilares fundamentales de la salud. Muchas personas se preguntan, de acuerdo, hay que moverse y comer bien, pero… ¿y si no me gusta el deporte?. En efecto hay a quien no le gusta correr, ni nadar, ni ir al gimnasio… Incluso hay personas que se paralizan con solo pensar en hacer algún tipo de ejercicio físico, agobiándose sin que haya una verdadera razón para ello.

Un consejo que podría serle útil para los que dudan o son reacios a comenzar o retomar la práctica del ejercicio físico, es que no se trata de superarse o batir records, ni de evocar grandes logros, como los de maratonianos que parecen correr en el aire, alpinistas colgados de una pendiente con un solo brazo, surfistas que cabalgan olas del tamaño de un edificio… Si lo hacemos, corremos el riesgo de desmotivarnos antes de haber empezado.

Se trata de ponerse objetivos alcanzables. Y la mejor forma de encarar el ejercicio físico es practicarlo aprovechando las oportunidades que se nos presentan cada día. Por ejemplo, subir por las escaleras en lugar de coger el ascensor, o caminar para ir al trabajo en lugar de utilizar el transporte público. Nuestro cuerpo está hecho para moverse.

El tema no es nuevo, aunque siempre conviene recordar que entre mantener el cuerpo en movimiento o no, puede haber una gran diferencia en lo que respecta a las consecuencias para la salud. Por lo general basta con acostumbrase a caminar. Y si el paseo es largo, mejor que mejor. Caminar está, además, particularmente indicado para las personas que sufren dolores crónicos, fibromialgia o artrosis. En concreto, el número de pasos recomendados están entre 8000 y 12000 pasos. Aproximadamente, entre 6 y 10 km. Aunque puede parecer complicado calcular los pasos que se han dado, hoy existen aplicaciones de móvil y pulseras electrónicas que ayudan a llevar la cuenta.

Siempre que sea posible es más saludable caminar por espacios naturales, ya que distintas investigaciones han demostrado que andar por estos lugares es aún más beneficioso que hacerlo en un entorno urbano. Y no solo porque nuestro cerebro se ve menos perturbado por los ruidos, los semáforos, la publicidad… Se ha demostrado que el contacto con la naturaleza reduce significativamente los niveles de cortisol (la hormona responsable del estrés), lo que mejora la salud mental.

En Segovia tenemos la suerte de poder disfrutar de unos itinerarios naturales magníficos, como son los valles de los ríos Eresma y Clamores, origen de los primeros asentamientos humanos de la ciudad y actualmente fuentes generadoras de gran riqueza ecológica y paisajística.

También, estupenda la ruta del Camino Natural del Eresma, que desde los Altos de la Piedad llega al Mirador del Último Pino y desciende al Puente de San Lázaro para recorrer el río Eresma hacia San Pedro Abantos.

Si elegimos el paseo por el Valle del Clamores, comenzaremos en el puente de Sancti Spiritu, en pleno barrio de San Millán, antes barrio de la Morería. Unos edificios nos señalan donde estuvo el antiguo hospital de Sancti Spiritu, dedicado primero al tratamiento de bubas y resfriados y después asilo de pobres. En lo alto contemplamos el comienzo del Pinarillo, que se inició el siglo XIX al plantar el Ayuntamiento de la ciudad pino piñonero, aunque parte de los árboles fueron talados en 1880 al construirse la carretera que partió en dos el pinar.

Continuamos nuestro paseo contemplando el puente de la Estrella, por el que se accedía al cementerio judío en el Pinarillo. Descubriremos la ciudad amurallada, donde asoman las torres de la catedral, los cubos de la muralla, la Casa del Sol y la huerta de Lolete, reliquia de las huertas regadas por el Clamores. Disfrutamos de la bella perspectiva del Alcázar y de los árboles propios de la ribera del río como sauces, chopos, saúcos y algunos olmos.

En el valle del Clamores, bajo el arco de San Andrés, aún se conservan las ruinas de unas tenerías, industria muy importante en la Segovia del siglo XVI. En una de estas tenerías vivió Juan Parix, que publicó en Segovia el primer documento impreso en España. Durante el recorrido los pájaros compiten con los ruidos de la carretera cercana.

Un puente de madera da acceso a la explanada del santuario de la Virgen de la Fuencisla, que se ve empequeñecido por el impresionante telón de fondo de la Peñas Grajeras. A la derecha, en lo alto de las peñas, puede verse una pequeña capilla junto al tronco del ciprés que plantó San Juan de la Cruz y las laderas del convento de carmelitas descalzos.

Un poco más abajo queda el puente de San Lázaro. A su altura se levanta la puerta de acceso a la ciudad desde la carretera de Medina del Campo, realizada por Juan de Ferreras en honor de la Virgen de la Fuencisla en el siglo XVIII. Este enclave constituye de alguna manera el centro espiritual de Segovia.

Continuamos nuestra caminata por el valle del Eresma. Muy cercanas las iglesias de San Marcos y la Vera Cruz. Pasamos por delante de un cilindro formado con cubos de granito similares a los sillares del Acueducto, aunque de menor tamaño, con un balconcito que fue utilizado para abastecer de agua al Alcázar durante el famoso asedio comunero.

Junto a la puente Castellana estaban los baños públicos de la ciudad. A continuación, la Casa de la Moneda, mandada construir por Felipe II en 1583. Atravesando el Puente de la Moneda llegamos a la Alameda del Parral, primer paseo arbolado público de la ciudad, que fue mandado construir en el siglo XVI con ocasión de las visitas de Felipe II a la Casa de la Moneda. Es éste un lugar privilegiado para el paseo y el disfrute del paisaje. Así lo comprendieron los jerónimos del Parral que se instalaron en el valle. El monasterio del Parral posee la única torre renacentista de nuestra ciudad. Se edificó entre los siglos XV y XVI por Enrique IV. Sus jardines, sus huertas y sus estanques son lugares llenos de paz y hermosura.

La Alameda del Parral llega hasta las proximidades del monasterio de San Vicente. En este tramo el río discurre por una zona eminentemente llana. El paseo junto al río se hace corto. Es un lugar para disfrutar del agua y refrescarse de los calores del verano.

En definitiva, unos atractivos recorridos que animan a la población de Segovia para que participe y realice en su tiempo de ocio una actividad física basada en la práctica más común y fácil de llevarse a cabo, como es caminar, y de esta forma generar entre los segovianos un hábito higiénico y saludable para el mantenimiento y la mejora de la forma física y mental, además de disfrutar de nuestra gran riqueza medioambiental y paisajística.

¿Qué le parece? ¿Animado para comenzar o retomar la práctica de deporte? ¡Comience por dar el primer paso y verá cómo el cuerpo se lo agradece!