Emilio Montero Herrero – España siempre pierde cuando se cede ante los independentistas

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Tras prosperar la investidura del presidente del gobierno, el supuesto derecho a la autodeterminación de Cataluña, por desgracia siempre presente en nuestros días, ahora nos chantajea con mayor insistencia al ser uno de los requisitos imprescindibles que los partidos separatistas catalanes han puesto sobre la mesa para permitir gobernar. A esto se añade la peligrosa amenaza de otro compañero de viaje del gobierno, que sostiene un modelo económico que nunca, en ningún sitio, ha producido más que miseria y retroceso. Deberíamos hacer balance de lo que todo esto puede traer consigo.

Con respecto a las exigencias de los partidos independentistas en el gobierno, la pregunta es: ¿Renunciaría Vd. a la soberanía nacional que le corresponde, aceptando el referéndum sobre la secesión de Cataluña en el que solo decidan los catalanes?, porque se podría convocar. No lo llamarán así, pero ese será su contenido real. Y es que los pactos de gobierno con populistas y nacionalistas incorpora y hace suya la visión de sus compañeros de viaje: la de un Estado sin nación, porque la gestión de las identidades nacionales se traslada a los territorios, basado en la excepcionalidad política del “hecho diferencial” como dogma, en la subsidiariedad del Estado frente a los poderes territoriales y en las relaciones bilaterales de poder solo para algunos y el amontonamiento multilateral para los demás.

Si esto se llevara a cabo, el Gobierno se arrogaría el derecho a transformar unilateralmente la arquitectura jurídica e institucional de España y promovería una reforma constitucional de hecho. No tocaría la letra de la Constitución porque es aritméticamente imposible, pero subvertiría su espíritu.

Pero es que esta decisión no solucionaría nada. Los independentistas sólo tienen un único objetivo: la independencia, y no se sentirán satisfechos hasta conseguirla, con referéndum, consultas o con lo que sea, pues aún en el caso de perderlo, volverán a pedirlo una y otra vez hasta conseguir su objetivo. Por eso es mejor no iniciar un camino sin retorno. Ya dijo Junqueras que conseguir hacer un referéndum era ya ganar, pues habría la opción de seguir haciéndolos cada poco tiempo. Como dice un proverbio chino, “si caminamos por la senda que parece que hemos tomado, existe el peligro de que lleguemos exactamente allí donde parecía que nos dirigíamos”.

Todas estas negociaciones que se han llevado a cabo para superar la sesión de investidura son legales, quién lo duda, los votos mandan, pero su moralidad es otra cuestión, porque: ¿Qué moralidad política tiene un acuerdo entre el Gobierno español y un Gobierno autonómico formado por dos partidos cuyos líderes han sido condenados por un golpe contra el orden constitucional, por malversación de fondos públicos y por desobediencia, o que siguen fugados de la Justicia en otro país europeo? ¿No supone eso premiar a los delincuentes y castigar a sus víctimas, los ciudadanos españoles demócratas? Y todo ello contra el clamor social y cuando se dijo por activa y por pasiva que nunca se pactaría con los independentistas. Comprueben en la hemeroteca las declaraciones del presidente del gobierno y los señores Bono, Lambán, Javier Fernández, Fernández Vara, Susana Díaz, Felipe González, García- Page, Pérez Rubalcaba, Rodríguez Ibarra…

Lo cierto es que estos acuerdos lo que han conseguido es que los nacionalistas e independentistas nunca hayan tenido mejor que ahora su proyecto de desmantelar la convivencia, la unidad y el Estado de Derecho.

Todos sabemos que la autodeterminación de Cataluña es ilegal y va contra de la Constitución, pero es que incluso es de sentido común oponerse a ella. Les sugiero algunos motivos.

En primer lugar, España es una de las veinte “democracias completas” del planeta según The Economist Democracy Index, superando, incluso, a otras democracias en materia de garantías, como acredita Freedom House, entidad independiente jurídica basada en los EEUU. Cualquier mejora necesaria del sistema político español es abordable desde el sistema mismo por mayorías cualificadas. Si se compara la nota que da Freedom House a España (94% de puntuación), respecto de la que concede a los EEUU (83% de puntuación), queda claro que el nivel de calidad democrática de España es superior al de Francia, Bélgica e Italia y empatada con Gran Bretaña.

Cataluña no es mejor que el resto de España, como pretenden vendernos los independentistas. Ejemplos no faltan. Su nivel de fracaso escolar está entre las 5 primeras CCAA. En cuanto a casos de corrupción de sus políticos por cada mil habitantes, se encuentra entre las 3 CCAA peores. Desde que comenzó el procés independentista Madrid supera a Cataluña de largo en creación de empleos de talento alto y en atracción de inversiones directas, así como en renta per cápita, un 15% mayor, cuando a la salida de la dictadura Cataluña superaba a Madrid en esa variable en cerca del 25%. De la misma forma, Barcelona era sede de las principales empresas privadas y de la patronal, que ahora están en Madrid. Desde entonces, España se volvió el estado más descentralizado de Europa en materia de gasto público (77% en manos de CCAA y municipios contra 40% en Francia, 68% en Alemania). O sea que los políticos catalanes han gestionado fatal Cataluña y la culpa no puede ser el centralismo. ¿Había menos centralismo en la época de Franco?

Cataluña no transfiere al resto de España más de lo que le toca. Madrid transfiere más debido a que su renta per cápita es mayor; la contribución fiscal es proporcional a la riqueza, mientras que los recursos públicos son asignados por habitante.

Si Cataluña fuera independiente y siguiera en la UE, algo imposible de entrada, tendría que transferir recursos a estados menos desarrollados como Rumania, Grecia, Macedonia, Croacia etc., ya que su nivel de renta es superior al promedio. Con lo cual es una quimera lo de que recuperarían 16.000 millones de euros, y no sólo porque Cataluña tendría que gastar dinero en todas las áreas que hoy provee el estado, como representación exterior, justicia, defensa, seguridad, I+D, grandes infraestructuras como el puerto y el aeropuerto, etc., sino porque tendría que pagarle a la UE, en su caso, porque en la práctica sería expulsada.

Y yo me pregunto: ¿Si hace falta conseguir la independencia para bajar el fracaso escolar, de los más altos de España, donde hay CCAA que lo tienen al nivel de Alemania, por qué no lo hacen ahora? ¿qué lo impide después de 30 años con la educación transferida? Otras CCAA consiguen mejores resultados con el mismo gasto por alumno. La respuesta es que en Cataluña a “Fer País” se le ha llamado adoctrinar y gastar en campañas publicitarias para lavar cerebros.

Ver como el Plan de Jordi Pujol, padre espiritual del nacionalismo actual e imputado por corrupción familiar masiva asociada al cobro de comisiones ilegales a los cientos de proveedores de la Generalitat que han declarado ante el juez, consistió precisamente en lavar cerebros infantiles.

Y aquí no se acaba la cosa, en la práctica Cataluña no estaría en la UE durante el tiempo de hacer cola para volver a ingresar en la UE. Lo han dejado claro desde Bruselas y así lo especifica el tratado de la UE; primero se sale, después se pide entrar y por último se espera los años que hagan falta. Mientras habría una fuerte fuga de capitales e inversores, boicots a productos catalanes, pérdida de cobertura del BCE sobre el sistema financiero catalán etc. O sea que retrocederían aún más respecto de Madrid, Valencia etc. Todavía hay gente que lo niega, pero mientras tanto Madrid y Valencia se hacen con un tanto por ciento creciente de las inversiones extranjeras y la fuga de empresas de Cataluña se intensifica.

Los que montaron el pollo unilateral e ilegal, no sé si creen realmente en la independencia. Lo más probable es que animaron a 2 millones, sobre 5,2 millones de electores, a creer en ella para entronizarse en el poder “ad eternum” tras conseguir del estado prebendas y concesiones, con la manipulación de los medios de comunicación catalanes pro-independentistas, con la manipulación y adoctrinamiento en las escuelas donde se ensalza lo catalán por encima de lo español, con saltarse una mayoría democrática porque ellos no la tienen y se apropian o deciden sobre lo que es de todos, con sus intentos de cambiar la Historia justificando una épica nacional Catalana que nunca ha existido, permitiendo la elaboración de listas negras de negocio y que existan vigilantes en los patios para ver si se habla catalán o no, y de los Mossos d’Esquadra catalogándolos si son patriotas o no como hacía el régimen alemán antes de la 2ª Guerra Mundial…

De todas formas, nuestros anhelos deberían centrarse en la evidencia de que lo que el nuevo gabinete buscaba era gobernar, y que una vez conseguido esto nadie le obligará a ceder en aspectos territoriales, porque no lo necesita para nada. Ojalá el Gobierno se centre en los temas importantes que a todos nos preocupan y dejen de lado la patata caliente del tema catalán que no les interesa tocar. A ver si por fin hemos aprendido que siempre que se ha cedido ante los nacionalistas España ha salido perdiendo.