El virus de inhumanidad

Deberíamos estar atentos. A nada que nos descuidemos nos puede atacar “el virus de lo inhumano que es un virus que muta continuamente pero que está siempre presente entre nosotros. En una sociedad que llamamos civilizada, que debería caracterizarse por su humanidad (lo que los latinos llamaban humanitas), es decir, la racionalidad, el respeto a la persona y el reconocimiento de la dignidad de todos, lo que predomina, por el contrario, es la immanitas (palabra también latina), que significa inhumanidad, barbarie, ferocidad. Muchas sensibilidades están durmiéndose o llevan tiempo dormidas, porque el virus de lo inhumano destruye toda la sensibilidad humana que encuentra a su paso”. (Revista Utopía, Nº 117)

Un claro ejemplo de esto han sido las distintas reacciones que los días pasados ha habido sobre la muerte de las personas migrantes muertas el 24 de junio en la frontera sur de Nador con Melilla. Destaco lo escrito el 27 de junio por Santiago Agrelo Martínez, Arzobispo emérito de Tanger, con el título: No preguntes. La culpa es de los muertos:

“No preguntes cuántos son los que murieron, tampoco cuántos han sido los heridos. “Centenares”, dicen. Cien arriba, cien abajo, ¿a quién importa?

No preguntes cómo murieron. No preguntes si esas muertes fueron evitables. No preguntes por responsabilidades en ese crimen contra unos jóvenes africanos sin derechos y sin pan. No preguntes.
La culpa es de los muertos. Los violentos son los muertos. Los responsables son los muertos. Las autoridades de los pueblos solo pueden felicitarse de haber conseguido que los violentos estén muertos, que los sin derechos estén muertos, que los sin pan estén muertos.

Y se felicitan, y se aplauden, y se animan a continuar matando a jóvenes africanos sin derechos y sin pan. Y el periodismo calla: no denuncia; ni siquiera informa.

Y la conciencia calla: como si Alá bendijese a quienes matan pobres; como si a Dios no importasen los pobres que asesinamos; como si los dueños del poder que nos oprime fuesen también los dueños de nuestros derechos, de nuestro pan, de nuestras vidas.

Yo no puedo decir que los responsables de esas muertes son los Gobiernos de España y Marruecos; yo no puedo decir que los Gobiernos de España y Marruecos tienen las manos manchadas de sangre; yo no puedo decir que los Gobiernos de España y Marruecos llenan de víctimas un frío, cruel, prolongado e inicuo corredor de la muerte. No lo puedo decir, pero lo puedo pensar, y es lo que pienso.

Adoradores del dinero a un lado y otro de la frontera. Adoradores del poder a un lado y otro de la frontera.

Adoradores de la mentira a un lado y otro de la frontera. Violadores de pobres a un lado y otro de la frontera. Herodes y Pilato se han puesto de acuerdo para matar a Jesús. A un lado y otro de la frontera Herodes y Pilato se han puesto de acuerdo para matar a ese “Dios para Dios”, que son los pobres”.

Con Joaquín Sánchez, consiliario de la HOAC de Murcia, “sentimos una inmensa tristeza e indignación por esta masacre, que persigue a personas migrantes y que va a la caza de personas negras. La gente que no ha podido cruzar la valla, recibirán palizas y serán arrojadas al desierto. Esto se está haciendo desde hace años.

Un abrazo para estas personas enterradas sin ninguna investigación y un abrazo para sus familias, con el deseo que transformar el mundo, de tal manera que nadie tenga que salir de su país porque tienen las condiciones dignas para vivir. Que estas personas masacradas encuentren el descanso y estén en un lugar lleno de ternura, de vida, sin injusticias, sin vallas ni concertinas; que sus sueños se hagan realidad”.

El problema de la migración es complejo. Nos desborda a cada uno de los ciudadanos. Debe plantearse con justicia en instancias superiores. Mientras, es necesario el “esclarecimiento” de estas muertes y tantos heridos entre migrantes y fuerzas de seguridad.

Dejémonos contagiar por el virus de la “humanitas”, es decir, la racionalidad, el respeto y el reconocimiento de la dignidad de todas las personas, sea cual sea su procedencia.