El sillón 47

La Real Academia de la Lengua Española ha pedido perdón recientemente por el trato machista hacia la escritora Emilia Pardo Bazán, que según las propias palabras del director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, “mereció de sobra estar en esta casa”.

Lo hizo en un acto de homenaje celebrado el pasado 13 de mayo, cuando se cumplían 100 años del fallecimiento de la escritora. Por ello, y de manera simbólica, la RAE ha querido reservar para ella el sillón 47 (la institución cuenta con 46); esos sillones solo están reservados para quienes, siendo mejores, no tuvieron oportunidad de entrar. Muñoz Machado ha reconocido el “machismo imperante” que impidió a Pardo Bazán ocupar un sillón en la RAE. Sus compañeros intelectuales de la época consideraban que era un “cerebro de hombre en un cuerpo de mujer”. Fue la primera mujer en ocupar la tribuna del Ateneo de Madrid y la primera también en hablar en público en La Sorbona. Más adelante, en 1916, se convirtió en la primera mujer catedrática de Literatura en la Universidad Central de Madrid. Sin embargo, no fue suficiente; una sociedad profundamente machista le impidió avanzar.

Emilia Pardo Bazán encarna la lucha por la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Cien años después, las mujeres, que somos el cincuenta por ciento de la sociedad, aún estamos lejos de esa igualdad plena por la que ella luchó y que reivindicó a través de sus obras, intervenciones públicas y el propio comportamiento en su vida personal.

En mi etapa escolar, se pasaba de puntillas por la figura de Pardo Bazán cuando se explicaba en las clases de Literatura en el colegio. Apenas se mencionaba su faceta como escritora, y bastaba con aprenderse que había escrito Los pazos de Ulloa. Ni rastro de su faceta como pensadora, como feminista, ni siquiera como escritora al nivel que sus contemporáneos hombres. La atención se centraba en otras figuras de su tiempo, como Benito Pérez Galdós. Nadie nos explicó nunca la importancia de su lucha por la igualdad y la emancipación de la mujer. Fue la gran pensadora feminista del siglo XIX y, ante todo, una mujer libre.

Por ello, tiene aún si cabe más importancia que aprovechemos el momento actual para rescatar a esta y otras tantas mujeres pioneras y darles la relevancia que se merecen. En muchos casos, sacarlas del olvido. Cambiemos la narración de la historia. Demos visibilidad a las mujeres que nos han precedido y que no pudieron lograr el reconocimiento que merecían y mucho menos aún alcanzar el denominado “techo de cristal”, esa barrera invisible difícil de traspasar que impide a las mujeres seguir avanzando, especialmente en su carrera profesional.

Pardo Bazán tuvo una gran influencia en la vida social y cultural del siglo XIX. Varios biógrafos coinciden en señalar el gran apoyo que recibió por parte de su padre, que marcaría toda su vida y que un día le dirigió estas palabras: “Mira, hija, los hombres somos muy egoístas y si te dicen alguna vez que hay cosas que los hombres pueden hacer y las mujeres no, di que es mentira porque no puede haber dos morales para dos sexos”. Una lección de educación en perspectiva de género.

Se van dando pasos, lentos pero firmes. El que ha dado la RAE es una declaración de intenciones, una señal de que algo está cambiando. Sigamos en esa línea y dejemos atrás el patriarcado que aún vertebra la estructura de nuestra sociedad. 2021 es el año de Emilia Pardo Bazán, el año de la escritora, pero, sobre todo, de la luchadora por los derechos de las mujeres.


(*) Diputada de Servicio de Asuntos Sociales de la Diputación de Segovia.