El regreso

El Balonmano Nava ha vuelto a convertir lo extraordinario en natural. La suma de talento, unida al esfuerzo y al corazón han catapultado a los naveros, otra vez, a la élite de su deporte. Ahí es nada. Me maravilla la capacidad de trabajo de este club. Con sus cosas, como todos, pero anteponiendo el grupo y el interés general a los egos y al narcisismo.
Si me detengo a felicitar a todos los que creo merecen mi admiración y respeto necesitaría diez columnas, pero me van a permitir que me centre en Álvaro Senovilla. El éxito de Álvaro en Nava no es nada más y nada menos que justicia deportiva. Él fue el que hace muchos años sentó las bases en lo deportivo de la entidad y estableció vínculos con Valladolid para que las categorías inferiores del club pudieran competir y no entrenar sin más. La base lo es todo en Nava.
Ahora Senovilla recibe una recompensa deportiva mayúscula que, aunque está cimentada en la calidad de una plantilla construida para crecer, ha necesitado de la riqueza táctica del preparador para contrarrestar los avatares de una larga y exigente temporada. El club ha sabido reconocer el valor de tener un entrenador como Senovilla en el banquillo y su primer movimiento en el mercado fue el de renovarlo. Por algo será.
Y quiero terminar poniendo el foco en Julián Mateo, porque todos los homenajes que pueda recibir son pocos. Me consta que no le gusta el término mecenas para describir su tarea el frente del club, pero el hecho cierto es que se trata de uno de los más generosos patrocinadores privados que hay en todo el país. Y que nos dure. Y que cunda su ejemplo.