El poder del agro

No más se analicen los distintos galardones de los premios a la pyme segoviana en estas ediciones, salta a la vista la importancia que el sector agroalimentario posee en la economía segoviana. Y resalta aún más cuando se contrasta con la lista de premiados en otras provincias españolas. Ayer, salvo una empresa de formación musical y otra de transporte, todas pertenecían a este sector, repartidas en los distintos subsectores que lo componen.

Ha sido un acierto la apuesta que empresas agroalimentarias han realizado en los últimos años por un crecimiento en procesos de calidad y mejora tecnológica y en aperturas de mercado exteriores. El resultado se ha visto este ejercicio, cuando la bajada del consumo en el mercado de origen, al disminuir de manera ostensible la entrada de turistas extranjeros, se ha visto compensada por las ventas que se han realizado en mercados de destino, en especial del centro de Europa. Con ello, nuestra maltrecha balanza por cuenta corriente ha recibido algo de alivio en una temporada terriblemente perjudicada por la disminución turística.

Es de destacar, por otro lado, el esfuerzo inversor que han realizado en los últimos años empresas como Huercasa, Copese, El Campo, Incova, Innoporc o el propio Grupo José María, que se alzó ayer con el premio a la pyme. Y hablo de las grandes y me olvido de otras de menor dimensión que ayudan a completar la estructura de este sector manufacturero, el más importante en su categoría junto con el sector del automóvil, que desgraciadamente no pasa por su mejor momento. Según el Directorio Central de Empresas del Instituto Nacional de Estadística, Segovia contaba en el 2019 con 260 empresas cuya actividad principal era la industria agroalimentaria, de las que 220 se dedicaban a la industria de la alimentación y unas 40 a la fabricación de bebidas. La mayoría eran pymes de tamaño reducido, con menos de 20 empleados —el 76%—, aunque algunas de las grandes antes citadas superan los 200, e incluso alguna ya ha dejado de ser pyme.

El sector agroalimentario se residencia en villas y pueblos de nuestro entorno, lo que ayuda a fijar población, y en muchas de ellas el empleo femenino alcanza un alto porcentaje en relación con el masculino. Hablamos de un sector profesionalizado, con calidad, con apuesta por la innovación y con una apertura muy razonable al comercio exterior. Por lo tanto, con gran incidencia en la ordenación de un territorio aquejado de despoblación y con un claro problema de envejecimiento. En 2019, el 22,4% de los segovianos tenía más de 65 años. Este problema acucia aún más en los pueblos de nuestra provincia.

Segovia tiene un buen futuro en este sector. Conforma junto con el turismo su principal activo. La asignatura pendiente sigue siendo la logística. Mal que les pese a algunos, la renta de situación de la provincia genera un potencial de futuro considerable. La cercanía a Madrid solo puede generar oportunidades económicas de manera general. Pero hay que saber aprovecharlas sin errar el tiro y sin equivocar deseos con realidades. Y más cuando de dinero público se trata. Dotar de infraestructuras de comunicación digital y de servicios sanitarios es una necesidad tan importante hoy en día como lo fueron hace años las viarias o los polígonos. Son los signos del futuro.