El muro de Pedro I El Separador

Mi querido y admirado Carlos Arnanz decía en un simpático artículo que hay lectores que le trasladan un cierto cansancio por la reiteración de los temas. No me extraña. Yo mismo cuando escribo algo sobre la situación política actual, siempre me digo que será la última vez. También hoy pienso que será la última y algún día lo conseguiré, pero me temo que no va a ser fácil porque no hay día sin sobresalto. Por ejemplo, amigo Carlos, lo del muro que quiere construir Sánchez para dividir a los españoles.
Un presidente de gobierno que debería gobernar par todos, pero se enorgullece de levantar un muro contra la mitad de los españoles, y que además se empeña en ignorar la gravedad del hecho, entiendo que no es un gobernante honesto ni merecedor del respeto de sus conciudadanos. Y si esa misma persona pierde los papeles y dedica una sonora carcajada al jefe de la oposición tratando de humillarle, lo que consigue es mostrar su catadura moral.
Lo cierto es que el muro comenzó a levantarlo ese gran defensor de Maduro, el inefable Zapatero, con el famoso pacto del Tinell cuyo objetivo era que la derecha no pudiera volver a gobernar nunca más. Ahora lo ha reeditado Sánchez en cuanto se le ha presentado la ocasión, y además nos hemos enterado de que llevaban negociando desde marzo, lo que confirma que no han cejado en su empeño. En definitiva, se trata de impedir la alternancia política y conseguir el poder vitalicio. Grandes demócratas estos chicos del gobierno autoproclamado “progresista”.
Yo he convivido y debatido varios años con diputados de diferentes grupos, defendiendo cada uno sus ideas dentro del respeto y la cortesía parlamentaria en la mayoría de los casos. Y aunque también hubo de todo, nunca se me pasó por la imaginación pensar que desde el PSOE fueran capaces de eliminar los delitos del mal llamado “procés”, mientras se premia a los delincuentes y se debilita al Estado de Derecho, se vulnera la Constitución, se pretende cancelar la separación de poderes, la independencia judicial y la igualdad entre españoles. Y encima, a día de hoy, no conocemos las exigencias de los separatistas y los compromisos secretos que tiene
que cumplir Sánchez (pero que tendremos que pagar los demás), para conseguir un puñado de votos que le permitieran gobernar y levantar el muro.
Y a eso lo llaman gobierno progresista y piensan que nos lo creemos. Pero como señalaba Giuseppe Mazzini, “el verdadero instrumento del progreso radica en el factor moral” y no tengo la seguridad de que este gobierno tenga suficientes dosis de ese factor. La verdad es que cada día la gente es más consciente de que lo que pretenden es una ocupación permanente del poder; y si para ello sus promesas se transforman en todo lo contrario debido a lo que llaman “cambios de opinión”, pues se cambia y ya está.

 

La provocación con que los separatistas nos han obsequiado puede tener graves  repercusiones en algunos países de Europa

Están comprometiendo el futuro de España pero también de la Unión Europea, y si no lo ven allí es que están ciegos, porque esta situación ya ha dejado de ser un problema interno nuestro para convertirse en un problema de la U,E. La provocación con que los separatistas nos han obsequiado puede tener graves repercusiones en algunos países de Europa, y cuando estudien la ley de Amnistía se darán cuenta de que tampoco encaja en el Tratado de la Unión Europea.
Pero no tengo muchas esperanzas en que nos arreglen las cosas desde allí porque la pelota está en nuestro tejado; en todo caso, tendría esperanzas en el Tribunal de Justicia Europeo si se denunciaran allí los hechos.
La realidad es que los pactos de Sánchez con los separatistas son una bomba de relojería contra las bases y los principios de nuestro sistema democrático, porque esta amnistía, es decir la impunidad para unos delincuentes, hace añicos la seguridad jurídica, deja abierta la posibilidad de un referéndum para la independencia, y atenta contra la soberanía nacional y nuestro concepto de España. Por no hablar de las aviesas y antidemocráticas intenciones de que la justicia sea fiscalizada por los otros dos poderes del Estado. ¡Si Montesquieu levantara la cabeza!
Esta triste y peligrosa situación ha provocado una oleada de indignación en los españoles, ha hecho que se enciendan todas las alarmas y ha motivado que millones de personas salgamos a la calle a protestar, porque como decía Martin Luther King, “lo preocupante no es la perversidad de los malvados sino la indiferencia de los buenos”. Y ésta es una de las claves, amigo Carlos.