El fracaso del periodismo. (Y su éxito)

Por esas extrañas circunstancias de la vida, no he nacido en Segovia. Aseguro que no tuve nada que ver en esta contingencia. No se me dio a elegir. Pero siendo Segovia mi ciudad por elección, que no por nación, he podido empaparme de su historia, de los elementos sociales que le han permitido ser como aparece ahora. Al menos he conocido lo que en esta tierra se ha cocido en los últimos 120 años. Se lo debo a El Adelantado de Segovia. Concretamente a su hemeroteca.

El periodismo es el esbozo de la historia. Y eso lo salva. Retribuye a los periodistas pensar que en el futuro la radiografía del pasado latirá en sus crónicas, en sus sueltos, en sus entrevistas. Servirá para quienes, como yo, no hayan tenido la fortuna de nacer aquí. O para los que no gozan, todavía, de una longevidad infinita. Y de semejante memoria. Hay que reconocer que el periodismo se caracteriza por ser un fracaso permanente en el presente. Salvo casos excepcionales. Por lo general solo fructifica a largo plazo. El periódico con más poder es el BOE. El BOCyL en Castilla y León. Es fracaso el periodismo por su dificultad intrínseca para llegar a la raíz de las cosas siendo como es una actividad radical, y porque la comunicación de lo sabido apenas si dura horas latiendo en el presente. Luego pasa deprisa. Antes se decía que las noticias de hoy eran el envoltorio del bocadillo de mañana. O del cubo de basura. Es la dictadura de la inmediatez. Solo el tiempo permitirá más tarde conformar un puzle y recomponer de manera fragmentaria pero coherente las bases de una sociedad y de un tiempo.

Siguiendo este sencillo discurso, lo que aparece cada vez más nítido ante mí es la importancia de la prensa de provincias. Como la de los médicos de provincia, la de los políticos de provincia o la de los maestros de pueblo. Somos especialista en poco, pero de los pies apegados a la tierra surge buena parte de nuestro conocimiento. Lo abstracto que no está contaminado por la realidad se convierte en un conocimiento difuso. O en simple religión. Dogma. Concepto. No es de extrañar que la gran mayoría de los periódicos centenarios que subsisten hoy día en España sean periódicos de provincia. Por ejemplo El Adelantado. Solo el ABC y La Vanguardia constituyen la excepción. Y si somos estrictos, solo el ABC. Por algo será.

Si he conocido lo que en esta tierra se ha cocido en los últimos 120 años, se lo debo a El Adelantado de Segovia. Concretamente a su hemeroteca. El periodismo es el esbozo de la historia. Y eso lo salva. Retribuye a los periodistas pensar que en el futuro la radiografía del pasado latirá en sus crónicas

A diferencia de lo que ocurre con otras disciplinas, es conveniente seguir permanentemente mirando al pasado en nuestra profesión. No significa eso que se prescinda del futuro. Ni mucho menos. Sin el futuro no existe vida (vivir es crear futuros recuerdos). Pero el pasado es nuestra referencia, porque el periodismo consiste en un esfuerzo constante por conocer, aunque, luego, las urgencias no permitan completar el proceso. Y en las ciencias sociales ese conocimiento es imposible si se obvia el pasado. Por eso el valor de una hemeroteca.

Todo conocimiento, sin embargo, tiene que estar intrínsecamente unido a lo cuestionable. Es la función del periodismo. Cuestionar continuamente todo. La realidad social no admite dogmas. Nunca los ha admitido. No es casualidad que el periodismo haya pasado de conformar meros diarios de avisos —propios del XIX— a diarios políticos, de información general y literaria, como aparece en la cabecera de El Adelantado de Segovia el 16 de octubre de 1901. En ese cambio las empresas editoras de provincia se aseguraron el futuro y por lo tanto su papel en el esbozo de la historia. Es el único rayo de éxito que se les permite a los plumillas de provincias.