El embudo democrático

El embudo democrático se denomina así porque es un embudo, y lo mismo se emplea para la derecha que para la izquierda. Lo único que cambia es la posición. Si se trata de llenar de algo positivo la botella de la izquierda, se pone la parte más ancha arriba, y la estrecha dentro del cuello de la botella.

En caso de que lo positivo tenga como destino la botella de la derecha, la parte estrecha del tubo se instala en la zona superior, y el ancho hacia abajo: el resultado es el mismo que se tiene con una botella de agua cualquiera y un embudo anónimo: es muy difícil llenar la botella. Y, si se trata de insultos, sucede lo mismo, pero al revés.
Es muy cansado citar a Dürrenmatt, cuando decía que el drama de nuestro tiempo es tener que demostrar lo evidente. Como falleció al comienzo del último decenio del siglo pasado, se evitó el bochorno de conocer el embudo democrático, que funciona con tanta exactitud en España, aunque él, ni como dramaturgo ni como pintor, tenía esperanzas en ninguna zona de la Tierra, y consideraba que el mundo era absurdo, y, por eso, “escribo sin esperanzas”.

Pero no hagan caso a Dürrenmatt y empleen el embudo según las normas establecidas. Cuando Tania Sánchez fue nombrada portavoz de Defensa de Podemos en el Congreso, fue por sus indudables conocimientos y preparación como concejal, no porque fuera novia del líder, Pablo Iglesias. Cuando Pablo Iglesias cambió de novia, y la sustituyó por doña Irene Montero, y ésta fue nombrada portavoz, mientras doña Tania era relegada a lo que se conoce como “gallinero” -el sitio más alejado del Congreso de la tribuna- fue también por razones objetivas y por el bien de los votantes.
En cambio, cuando doña Ana Botella, licenciada en Derecho y funcionaria civil de Estado por oposición, con una amplia trayectoria laboral en varios ministerios, salió concejal por las urnas, y, luego, fue alcalde de Madrid, muevan el embudo, porque todo fue debido a la cacicada de su marido, José María Aznar.

Las mujeres, en España, serán iguales por la Constitución, pero gracias al embudo democrático, sólo se puede calumniar a las mujeres de derechas. Es lo políticamente correcto.