El duelo y la pandemia del buen rollito

A medida que se incrementan las semanas de confinamientos y alarmas no sólo aumenta el número de fallecidos sino la creatividad en comunicación y publicidad. Seguimos pendientes de las estadísticas y nos preocupa la evolución del número de muertos, afectados y recuperados.

Precisamente por eso nos preocupan las declaraciones de los portavoces políticos cuando reconocen que sus datos son “oficiales” pero no “reales”. Afirman que su información es peinada, filtrada y maquillada por unas agencias de comunicación donde no están claras las fronteras entre propaganda y la verdad. Ya afirman que han vivido en su estado de mentira, sin expertos y sin materiales.

Uno de sus mayores gestos de inhumanidad ha sido el habernos ocultado el duelo auténtico y la muerte de los afectados con sus cadáveres: su duelo ha sido un teatro y a los cadáveres los han olvidado.

Como esta preocupación por la verdad es amarga, dolorosa y genera tensión emocional, los responsables no estatales de comunicación y publicidad están haciendo de la necesidad virtud. Se han convertido en los nuevos terapeutas sociales y están consiguiendo que gran parte de la opinión pública se sitúe de manera indolora ante la implacable presencia cotidiana de la muerte a pesar de su empeño por ocultarla.

Los muertos son simples cifras, números, estadísticas y algoritmos cibernéticos. La noticia no está en el rostro o la historia personal de quienes han muerto y de sus familiares, sino en los recuperados. No es proporcional el tiempo informativo que dedican las agencias a quienes singularmente se han recuperado en comparación con quienes gregariamente fallecen a diario: recordamos uno y olvidamos cien.

El camino para el autoritarismo y el despotismo democrático está trazado

Todo esto corre el peligro de adormecer la conciencia cívica más elemental y en lugar de promover una ciudadanía despierta, promueve una mansa ciudadanía de gregarios y dóciles consumidores asomados a sus balcones. El camino para el autoritarismo y el despotismo democrático está trazado.

Como recuerdan en alguna campaña que entrevista a varios niños: “No nos va tan mal el confinamiento. Nunca habíamos estado tanto tiempo en pijama, con chándal, viendo series y cocinando. Los tintes de pelo, los auriculares con micro, las cintas de correr y las bicicletas indoor lideran las compras por internet”. Las televisiones se adaptan para tediosos informativos gubernamentales y se transforman en engolosinados canales de ‘casa y cocina’.

En lugar de afrontar el duelo y la gravedad de la situación de una manera realista y sincera, estamos asistiendo a una dulcificación de la catástrofe, a una banalización del dolor y el sufrimiento, a una invisibilización de la muerte de nuestros mayores en las residencias. De esta forma, no sólo nos acostumbramos a vivir con la mentira sino dentro de ella, como si estuviéramos confinados por la pandemia del buen rollito.

Durante este tiempo hemos tenido momentos de pena y de decepción porque hemos encontrado que el duelo hace referencia a aspectos externos del ser humano o aquellos que se refieren a la dimensión física y psicológica en la que se encuentran los que han perdido un ser querido.

Esta experiencia, me contaba un vecino, la ha podido contrastar con el acontecimiento reciente de la muerte de su madre. Existe una carencia de referencia a la dimensión espiritual y religiosa del duelo, dimensión que ha ocupado la mayor parte de los duelos en la historia de la humanidad.

En la cercana experiencia de la muerte de su madre, los consuelos más ricos que había recibido son aquellos que se refieren al campo de la amistad, de la compañía silenciosa y de la oración. Los consejos sicológicos, decía, me han hecho daño y me han cansado porque notaba que todo es palabrería. La dimensión sicológica del duelo se ha convertido en palabrería profesional que hace que después del primer momento del duelo, el sufrimiento sea mayor ya que el psicólogo ha continuado su vida y tú te has encontrado solo con tu soledad, con tu oración y el recuerdo de la amistad.

Los psicólogos oficiales no llegan a esta dimensión integral

Los psicólogos entienden que el duelo es solamente el nombre del proceso psicológico, pero hay que tener en cuenta que este proceso no se limita a tener componentes emocionales, sino que también los tiene físiológicos, espirituales y sociales. Los psicólogos oficiales no llegan a esta dimensión integral.