El corazón habla al corazón

El Papa Francisco ha escogido para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de este año el lema «hablar con el corazón “en la verdad y en el amor”» (Ef 4,15). Después de haber reflexionado en años anteriores sobre los verbos «ir, ver» y «escuchar», como condiciones para una comunicación verdadera, considera que esta tiene su fundamento en «hablar con el corazón». Este lema recuerda la famosa frase de san Francisco de Sales, «cor ad cor loquitur» (el corazón habla al corazón), que eligió para lema cardenalicio san John Henry Newman, y que resume magistralmente el secreto de la comunicación como relación interpersonal que posibilita trasmitir la verdad con el amor. Cuando verdad y amor se dan la mano, la comunicación no admite reservas ni estrategias y, por supuesto, ningún compromiso con la falsedad y la mentira. En un mundo como el nuestro, rendido servilmente a la mentira tras la negación de una verdad universal y éticamente vinculante, ¿se puede confiar en una comunicación sin cribas ni filtros ideológicos y políticos? ¿Quién dice la verdad? ¿Quién la defiende con la libertad de quien no se pliega a los intereses del poder, el dinero y la cultura dominante? Si, como vemos con frecuencia, personas destacadas en ámbitos culturales y políticos abdican de sus propias ideas y principios para acomodarse a lo políticamente correcto o exigido para mantenerse en el poder, ¿qué podemos esperar cuando nos hablan de progreso, lucha contra la corrupción y trasparencia?
El Papa nos dice que «para poder comunicar “en la verdad y en el amor” es necesario purificar el corazón. Sólo escuchando y hablando con un corazón puro podemos ver más allá de las apariencias y superar los ruidos confusos que, también en el campo de la información, no nos ayudan a discernir en la complejidad del mundo en que vivimos. La llamada a hablar con el corazón interpela radicalmente nuestro tiempo, tan propenso a la indiferencia y a la indignación, a veces sobre la base de la desinformación, que falsifica e instrumentaliza la verdad».

La comunicación no atañe solo a los profesionales de los medios, sino a todo hombre que busca la verdad y desea trasmitirla con máximo respeto. El corazón, no el mero y melifluo sentimentalismo, se convierte en el receptor de la verdad que constituye a la persona como ser para los demás. Para que esta relación con el otro y con la sociedad sea verdadera, es preciso un compromiso con la verdad y con la caridad, que libera al hombre de sus prejuicios y de las ideologías dominantes. Por su propia naturaleza, la ideología reduce la verdad y la manipula al servicio de todo tipo de intereses. «La verdad, dijo Jesús, os hará libres». Quien desprecia o manipula la verdad se hace esclavo de sí mismo. Y quien usa la verdad como arma contra otros, la profana indignamente. La verdad se defiende a sí misma; solo hay que acogerla. Con la razón estimamos su lógica impecable; con el corazón gustamos su belleza y la proclamamos sin artificios.

El elogio que el Papa Francisco hace de san Francisco de Sales, patrono de los periodistas, en su mensaje para este año, pone de relieve que el «criterio del amor» sustenta la verdadera comunicación, puesto que «basta amar bien para decir bien». Por eso, la comunicación no puede reducirse a un mero artificio o estrategia de marketing, sino que debe nacer del amor hacia el otro con quien desea establecer vínculos estables en la verdad que nos sostiene y trasciende. ¿No es este, en realidad, el misterio de la comunicación que da origen en la Trinidad, al Verbo nacido del amor de Dios? ¿Y no ha dicho Jesús que él ha venido a comunicarnos todo lo que sabe del Padre y, por esta razón, nos llama amigos?

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(*) Obispo de Segovia.