El ‘bono cultural’, mejor aplicarlo a la urgente necesidad de formación de conductores

No poca inquietud ha producido en el empresariado el ‘grito’ de la industria segoviana –como en toda España, supongo- las dificultades devenidas recientemente sobre el acusado desabastecimiento de materias primas y de componentes básicos para atender nuestra capacidad de producción, comercialización y exportación (ahora que, al parecer, empezábamos a sacar la cabeza tras el abatimiento pandémico padecido) derivado principalmente por las dificultades de transporte, con el colapso de mercancías en estaciones, puertos, aeropuertos y terrestres. Esas dificultades se focalizan en una acusada escasez de mano de obra en la manipulación y manejo de la carga retenida en gran parte de las flotas y fletes en recintos portuarios de gran calado a la hora de distribuir los suministros necesarios para una producción normalizada precisamente por la escasez que se acusa de conductores de camiones de distribución de la carga estabulada. Y, lo que es más grave, sin visos de solucionarse ni a corto ni a medio plazo; por lo que ese colapso pone seguramente a las cadenas de producción en un grave aprieto de supervivencia.

Frente a este preocupante dato, se reflejan en las estadísticas una profunda tasa de paro de casi cuatro millones en España (de ellos ciento cincuenta mil en Castilla y León y casi siete mil en Segovia). Y mientras esto se contempla sin estupor ,verdaderamente, el Gobierno anuncia una ayuda o generoso dispendio en forma de ‘bono cultural’ de 400 euros a la muchachada del censo electoral de entre 18 y 35 años sin determinar cuál sería la fórmula de justificación de que tal generosidad haya sido aplicada a la culturización –excluyendo los toros, naturalmente- y no quizá al mejoramiento más bullicioso del botellón u otro tipo de ocio más pernicioso.

Y quiere ser aquí donde descansa hoy la reflexión de ‘La calle’ hecha desde el Valle del Clamores, el Cementerio u otros parques del ocio del trago y el calentamiento: ¿no sería más prudente y más social que ese ‘bono cultural’ o lo que sea (viendo la demanda lanzada por el empresariado de mano de obra cualificada) se aplicase en la realización de cursos para la formación de conductores con el carnet acreditativo para conjugar ese déficit de 15.000 trabajadores del sector del transporte que reclaman las organizaciones profesionales como de imprescindible relevo generacional? ‘La calle’ piensa que esos cursos gratuitos de capacitación de conductores para las precarias flotas del transporte aliviarían sin ninguna duda la inquietud de nuestro delicado momento de cara a un esperanzador crecimiento industrial. Al tiempo, claro, que una perspectiva laboral interesante para un buen número de jóvenes que hoy contemplan su futuro seguramente opacado- Ellos verían muy posiblemente con mejores ojos que se les aliviara el coste que particularmente no pueden económicamente asumir para tal formación, que gastarse en cambio los 400 tacos en saraos o botellones de más graduación y frecuencia o en otras aplicaciones de otro tipo de ocio. Porque en cultura, no se yo…