El alcalde que recriminó el enchufismo

Llegado el mes de diciembre de 1899, como había sucedido el año anterior, el anterior,  el anterior…, el paro en la ciudad era alarmante. En el Ayuntamiento, en cuya caja había 15.000 pesetas ahorradas de no se sabe dónde, pero sí para qué fin, se reunió para tratar de dar trabajo al mayor número posible de parados, por más que lo fuera por escasos días, ya que eran muchos. El alcalde y médico José Ramírez Díaz, después de que todos sus compañeros hubieran aprobado el ‘gasto’ no dejó postura para la duda: ‘El Ayuntamiento dará trabajo para obreros en obras municipales. Dado que no hay para todos, se impondrá un turno alfabético riguroso comenzando por la letra ‘A’ del primer apellido. Dejo clara constancia de que no atenderé a ninguna clase de recomendación, venga de quien viniere, encaminadas a quebrantar lo que hemos acordado’.

El alcalde había sido presidente de Cruz Roja, trabajando durante años, a pie de calle en cualquier lugar y a cualquier hora. Sabía, por tanto, de miserias y necesidades. Habría sido incongruente con su forma de ser y actuar que no combatiera  el ‘enchufismo’.

Viruela también hubo ‘ayer’

Ahora, que tanto ‘ruido’ produce a nuestro alrededor el brote de viruela (mono/mona), cabe recordar aquella situación producida por la epidemia que del citado mal padeció Segovia a finales del siglo XIX. Un dato como ejemplo. El alcalde de la ciudad, Francisco Santiuste, cuya primera profesión había sido la de tipógrafo, alertaba a sus convecinos a través de un bando donde se enunciaban las medidas de higiene que la población debería asumir. En ese mismo camino los agentes del Ayuntamiento recibían órdenes de denunciar a la alcaldía cualquier incumplimiento.

Reunida la Corporación en Comisión ordinaria acordó, tras recibir informes de la Junta Local de Sanidad, ‘la obligación de vacunarse todos los empleados del municipio y los niños’. La referida vacunación se llevó a efecto en la Casa de Socorro con dosis de vacuna de ternera. En esa misma sesión se acuerda: ‘los días 1 y 2 de noviembre estará clausurado el cementerio. Se consideró necesaria tal medida para evitar aglomeraciones en el recinto’. ¿Les suena está ‘música’?

También la provincia recibió tan dañina ‘peste’. Al efecto, así informaba ‘La Legalidad’: ‘En Coca hizo estragos la epidemia. Había pocos recursos para combatir la plaga, que causó numerosas víctimas. A tal efecto se habilitó una zona del Hospital de la Merced para atender a medio centenar de contagiados’.

Hasta la localidad se desplazaron el Gobernador Civil, Valentín Sánchez de Toledo, y un médico de la Beneficencia Provincial. Este, ante la situación, no regresó a la capital y junto el médico titular y cuatro monjas Hermanas de la Caridad atendieron a los contagiados. El gobernador hizo entrega de 500 pesetas para iniciar las obras de rehabilitación del centro, que se encontraba muy deteriorado.

Una parte del referido hospital –fundado en el siglo XV por decisión de María Marcos, familia de los Fonseca-, fue restaurada en 1906 ampliada con otra llevada a efecto en 1931. Coca mantenía en el siglo XV tres hospitales, y un cuarto, San Francisco, que fundaron los Franciscanos. Ya en el siglo XVIII el Catastro de Ensenada hacía referencia a la existencia de este hospital ‘para la curación de calenturas y no de otras enfermedades’.

Siempre hay primera vez

Sepa quien esto leyere. La primera mujer médico que ejerció en Segovia, provincia de la que era natal, fue Clementina Gómez Calvo. Era el año 1836. Se había doctorado en la Universidad de Valladolid, donde también fue profesora, ejerciendo su vocación en la ciudad en las especialidades de Cirugía y Partos. Su consulta la tenía en la c/ Escuderos.

Fácil de entender ¿o no?

El calendario gregoriano destacaba en su primera hoja que era el correspondiente al año 1893 y en la prensa local se publicaba una noticia de ‘alcance’. ¡Allá que te va!

‘Los relojes de la Catedral y del Ayuntamiento tocan sus horas con 15 minutos de diferencia y nosotros decimos que el que no sirva que lo quiten. Pero que no se tenga al ciudadano sin saber la hora que es’.

Los relojeros eran distintos para cada reloj. Puede que por ello al informador no se le ocurrió otra cosa que poner final a la nota con esta ‘alegoría’, ¿Y si se tomara la misma decisión para los ‘desfases’ políticos?

¡Señor, señor, qué atrevimiento!