Dos abyectos

Esta semana, la resaca de los botellones del fin del estado de alarma han ocupado las portadas de los medios, junto a la presencia ante la Justicia de dos personajes abyectos. Uno peor que el otro por la gravedad de la acusación. Son los conocidos como “el pequeño Nicolás” y el “rey del cachopo”. Ambos han pretendido convertir los tribunales en una farsa teatral con declaraciones grandilocuentes e histriónicas, para evitar la cárcel.

El tema tiene su interés cómo ejemplo explícito de dos de los problemas sociales de la España actual. En el caso del primero, demuestra la fragilidad de unas instituciones que pueden ser utilizadas a su antojo por un joven sin oficio ni beneficio. Francisco Nicolás Gómez consiguió “representar” a la Jefatura del Estado, con la parafernalia que acompaña los actos de La Corona, pagando coches y escoltas (policías comprados) e implicando incluso a la vicepresidenta del Gobierno, Saenz de Santamaría. No fue su única hazaña y los juicios pendientes así lo atestiguan. Puede que, como él mismo ha declarado, tenga un problema psiquiátrico de necesidad de autoestima, pero el riesgo es que se relacionó con gente con poder e incluso con las cloacas del Estado. Todavía no se sabe quién puso el dinero para sus “hazañas”, quién pagó las fiestas con jovencitas en un chalet del madrileño barrio del Viso, ni por qué el comisario Villarejo le filtró la grabación manipulada que había hecho a los investigadores de uno de sus casos, para así anular el procedimiento.

En la vista que ahora nos ocupa, el fiscal no se ha creído la versión de Nicolás, tachándola de “buena puesta en escena” y acusándole de usurpación de funciones. Pero los interrogantes de quién había detrás y que pretendían quedan ahí.

El otro protagonista, el llamado “Rey del cachopo”, es la viva imagen del machista agresivo y violento, presuntamente capaz de matar y descuartizar a su pareja y luego montar ante el tribunal una escena teatral, poniendo incluso en duda la muerte de la que se le acusa.

El Ministerio de Igualdad, dirigido por Irene Montero, debería volcar sus esfuerzos en la defensa y ayuda, sobre todo material y de acogimiento, de las mujeres maltratadas, en lugar de perderse en el laberinto del lenguaje inclusivo o de enfrentarse a movimientos feministas por la defensa de su ley de la igualdad real de las personas trans.

Lo primero es lo primero y el asesinato de mujeres a manos de sus parejas es la realidad más espeluznante con la que hay que acabar

Lo primero es lo primero y el asesinato de mujeres a manos de sus parejas es la realidad más espeluznante con la que hay que acabar. A finales de abril se contabilizaban nueve víctimas de la violencia de género. Los testimonios de otras parejas en la sala dieron cuenta de la agresividad y violencia del acusado. Ellas tuvieron la suerte de escapar a tiempo. No todas lo consiguen.

Dos personajes abyectos que han escenificado las lacras de la sociedad: la corrupción y la violencia machista.