Domiciano Monjas y el ecumenismo

La noticia que aparecía en El Adelantado del pasado martes día 11 de enero, decía que “como estaba previsto el pleno del Ayuntamiento de Segovia aprobó por unanimidad y entre cariñosas declaraciones de los grupos municipales, un expediente de honores y distinciones para dedicar a la memoria del sacerdote y profesor Domiciano Monjas y darle su nombre, a la glorieta de la confluencia del paseo de Conde Sepúlveda con las calles de José Zorrilla, Amapola y Obispo Quesada”. La propuesta partió de la Cofradía de la Esclavitud del Santo Cristo de la Cruz, conocido como Cristo del Mercado.

La noticia habrá alegrado con toda seguridad, no solo a los feligreses de la Parroquia del Cristo del Mercado en la que ejerció su ministerio sacerdotal, sino a las gentes de todo el barrio, testigos durante más de sesenta años de su bonhomía, generosidad y entrega por todos ellos, a todos sus alumnos y compañeros profesores del antiguo ‘Ángel del Alcázar’ y Seminario Diocesano, donde desarrolló la docencia, a la Residencia Sacerdotal en los últimos años de su vida, en la que, junto con otro entrañable sacerdote, Juan Bayona, fallecido en los primeros momentos más duros de la pandemia, alentaban la vida de los residentes en las festivas tardes y momentos de reflexión, lo que contribuía a alegrar, humanizar y socializar la convivencia.

El recuerdo de Domiciano queda en el corazón de cuantos le conocieron y trataron. Se merecía, no obstante, que su nombre quede esculpido en una placa en la citada glorieta para conocimiento de las generaciones venideras. Me uno a la emoción y agradecimiento de sus hermanos, sobrinos y familiares a la Corporación Municipal por preservar su memoria con este gesto.

Mi trato de amistad con Domiciano, hombre de recia fe, de gran cultura, bien dotado intelectualmente, buen comunicador, con sentido del humor y un poco ‘cabezota’ sobre todo en sus últimos años… se remonta a los setenta siendo yo cura joven en la Parroquia del Cristo del Mercado, aunque antes ya había tenido el privilegio de disfrutar de sus clases en el seminario como profesor de Historia de la Iglesia, a la que amaba entrañablemente. Nos ayudaba a entender los momentos más gloriosos y tristes de su historia, entre los que destacaban los episodios de separación entre católicos y ortodoxos en el siglo XI, aunque se venía fraguando desde siglos anteriores y entre católicos y protestantes, reformados y anglicanos en el siglo XVI. Separación que perdura hasta hoy, aunque van dándose pasos y gestos de acercamiento y unión entre estas distintas confesiones religiosas cristianas, para cumplir el deseo-oración de Cristo: “Te pido que todos vivan unidos. Padre, como tú estás en mi y yo en ti, que también ellos estén unidos a nosotros. De este modo, el mundo podrá creer que tú me has enviado” (Juan. 17,21), lo que denominamos Ecumenismo.

Este deseo de Cristo lo vivió Domiciano con pasión, como Delegado Diocesano de Ecumenismo, viviéndolo junto con hermanos de otras confesiones cristianas, de manera especial, en estas fechas del 18 al 25 de enero, Semana de Oración por la unión de los cristianos, que nos interpela a todos los que profesamos la fe en Cristo Jesús a afrontar las doctrinas, superar las condenas y poner el mayor énfasis en cuanto nos une para poder superar cuanto nos separa. La unión de los cristianos de las distintas confesiones no se producirá tanto por el acercamiento de unas a otras, cuanto por nuestra fidelidad a Cristo y caminando hacia Él como centro de nuestras vidas.

Me ha llamado gratamente la atención que el acuerdo de dedicar esta rotonda se haya hecho por unanimidad de todos los concejales del Pleno municipal, seguramente porque el centro de sus miradas y deseos era reconocer la figura de Domiciano. Una llamada a vivir el ecumenismo también en este ámbito civil: si lo que une a los miembros de la corporación municipal es el interés primordial de trabajar por el derecho, la justicia y la paz para el bien de todos, encontrarán fórmulas para acercar diferencias, en lugar de enrocarse en las desuniones.

Bendita y agradecida memoria de Domiciano Monjas.