Despotismo

Este 6 de diciembre se conmemoran 43 años de nuestra Carta Magna, y merece la pena recordar lo que supuso para todos los españoles el inicio de la democracia y lo que recoge el artículo primero, que dice que la soberanía nacional reside en el pueblo español del que emanan los poderes del estado.

Sin embargo, hoy la realidad es bien diferente. No existe división de poderes porque actualmente el Ejecutivo incide en el legislativo y en el judicial.

No existe división de poderes porque actualmente el Ejecutivo incide en el legislativo y en el judicial

En el legislativo, porque como expresaba esta semana en la tribuna del Congreso, el Gobierno está impidiendo a la Cámara poder legislar. El uso indiscriminado de decretos-ley por parte de este Gobierno social-comunista está hurtando la capacidad de legislar al Congreso. Nada más y nada menos que 85 decretos ley en menos de 2 años, superando los 64 de Rajoy en 3 años, y eso que, Sánchez, en un alarde de hipocresía ya conocido, increpaba cuando era el líder de la oposición a Rajoy que gobernara a base de decretos ley. Cuesta aceptar que la hipocresía y la mentira sirvan como instrumento de hacer política, y que los palmeros medios de comunicación lo abracen como el nuevo paradigma.

En el ejecutivo, mencionado por mí en otros artículos, por la excesiva politización de la justicia y el asqueroso reparto de los de siempre, de los miembros del Tribunal Constitucional.

Por tanto, podemos expresar sin temor a equivocarnos y a ciencia cierta, que la soberanía nacional reside en él, en Narciso Sánchez y demás correligionarios aplicando un régimen absolutista y por tanto un régimen despótico.

Se define despotismo como la forma de gobierno en la que una sola entidad gobierna con poder absoluto. Normalmente, esa entidad es un individuo, el déspota.

El despotismo fue una forma de gobierno que tenían algunas monarquías europeas del siglo XVIII, en las que los reyes, que seguían teniendo poder absoluto, trataron de aplicar medidas ilustradas, es decir, trataron de educar al pueblo. La frase que sintetizaba este tipo de poder es: “Todo por el pueblo, pero sin el pueblo”.

Hoy la realidad es que Sánchez también intenta educar al pueblo, controlando todo lo que tiene a su alcance, coartando libertades y derechos a los ciudadanos convirtiéndolos en seres dependientes del estado para su perpetuación en el poder.

Sólo Vox se opone frontalmente a este tipo de fechorías realizadas por unos y por otros, porque el bipartidismo forma parte de este juego sucio, ya que son estructuras víricas y nocivas para el idealismo o cualquier intento de utopismo, estructuras que con frecuencia se convierten en alienantes y autoritarias. De hecho, son inamovibles y gerontocráticos bloques de hormigón dedicadas a sofocar cualquier vestigio de idealismo entre sus filas, controlan y tutelan las reivindicaciones sociales reduciéndolas a mesas de negociación donde la traición posee carta de naturaleza.

En definitiva, un aparente sistema democrático, escondido en un régimen despótico y absolutista donde los tres poderes recaen en el mandamás. En él. En Sánchez. Encantado de haberse conocido.

Desde Vox lo denunciaremos y se lo impediremos.


(*) Diputado de Vox por Segovia.