(Des) lealtad estructural

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Tristeza, pena e incluso un poco de vergüenza ajena ha dado la semana a la que hemos asistido como espectadores en primera fila sobre el puesto de seleccionador de fútbol. Ruedas de prensa con preguntas, comunicados sin posibilidad de ellas, declaraciones de presidentes, directores técnicos, primeros entrenadores, segundos, interinos… sin duda hemos ido conociendo con cuentagotas piezas de un puzle que se me antoja mucho más complicado de completar que lo que nos han hecho llegar unos y otros.

Seguramente el término que más ha impactado ha sido el de DESLEALTAD. Que un entrenador hable así de la persona en la que ha depositado toda su confianza durante tantos años es lo peor que alguien que forma parte de un staff podría escuchar. Esa lealtad no debe reclamarse, simplemente se da sí o sí. ¿Dónde está el límite de esa lealtad? No hay un patrón ni modelo estipulado para cada equipo. Es significativo que ese término contenga un mayor porcentaje personal que deportivo, y cuando surge la primera duda ya se ha iniciado el proceso de separación de un modo irreparable.

En toda esta trama, al igual que sucede cuando estás frente a la pantalla del televisor y en función de tus filias y fobias, te posicionas con ‘el bueno’, o ‘el malo’ pero en esta serie, ¿quién es quién? Te identificas con unos u otros aún sabiendo que hay muchos detalles que no se harán públicos y con ello debemos contar también a la hora de construir nuestra teoría de la conspiración.

Por el momento parece que este Juego de Tronos ha emitido su último capítulo de la temporada. ¿Habrá spin-off, precuela? ¡Quién sabe! ¿Secuelas? Es posible, pero quedarán enterradas por un share más pendiente de que el balón eche a rodar en la próxima Eurocopa de Fútbol, porque los protagonistas (todos) ni quieren, ni les interesa que conozcamos la verdad. Esa decisión es respetable al máximo y la acompañaremos haciéndonos pasar por tontos. Una vez más.