Déjà vu

Después de ocho leyes educativas desde la transición democrática en nuestro país, no hemos avanzado nada en materia de educación y deporte. O, si tiro de recuerdos y echo un vistazo a lo que hay hoy, mejor diría que hemos involucionado. Francamente, los mejores momentos que he pasado haciendo deporte fueron cuando jugué en el equipo del colegio Claret (más en concreto, en competiciones escolares como la CECE) y en el de la Universidad Complutense, en la Liga Universitaria Nacional de Baloncesto.

Allá por el año 91 recuerdo que no pude hacer un examen porque teníamos que ir a jugar a La Laguna y coincidía el inicio del viaje con el día del examen. Treinta y tres años después leo en El Adelantado cómo a Claudia Corral, la atleta segoviana de Brieva campeona de España de campo a través en categoría sub-23, le denegaron un cambio de examen solicitado porque le coincidía con el viaje de su equipo al Campeonato de España Universitario de pista cubierta. A ver si tiene suerte, y no le coincide ningún examen con el Campeonato del Mundo Universitario de cross de los próximos días…

En ambos casos, el suyo y el mío, nos denegaron el cambio de examen cuando íbamos a competir… ¡representado a la propia Universidad!, en una contradicción flagrante. Yo renuncié al examen porque en aquella época era un inconsciente. Pero Claudia hizo su examen, lo que le supuso no solo tener que viajar tarde y sola, al margen del equipo, sino que tuvo que pagar de su propio bolsillo el desplazamiento. Eso sí, le concedieron un crédito.

Y mientras lo comento con amigos que me cuentan la experiencia educativa totalmente opuesta, en Dublín o en Hoosick Falls, de sus hijos y los míos fuera de España, leo que la Fundación Municipal de Deportes de Valladolid expulsa a tres clubes de la competición escolar de minibasket por no sé qué líos de alineaciones.

Confirmado: en la inclusión del deporte como parte indispensable del proceso educativo de nuestros hijos, hemos involucionado. Un drama de nuestro país, con responsables concretos.