Covadonga

Este sábado pasado la batalla de Covadonga cumplió, día más, día menos, 1.300 años según datación de don Claudio Sánchez Albornoz, que utilizando fuentes árabes estableció la fecha en el 28 de 722. Como es ya moneda común en nuestra desmemoria institucional, educativa y obligada, se ha hecho gran alarde de no quererlo ni mentar. Para el doctrinario, autoenaltecido como progresista, recordar según que cosas está muy feo. Es más, ahora hay que borrar también las fechas no vayamos a poder situar cada cosa en su momento y nos empiece a gustar.

Con Covadonga se viene dando además un paso más. La progrería cultural ha asumido la consigna-mantra de negar que ni siquiera existiese tal batalla ni que allí, en las montañas astures, se iniciara Reconquista alguna, pues según ellos el Islam no conquistó la península sino que los guerreros bereberes, la gran mayoría, árabes había tres, nos vinieron pacíficamente a civilizar y construyeron las calzadas, las ciudades, los acueductos, los puentes, los teatros y los baños que eran de lo que más había en las arenas del Sahara y las montañas del Atlas. Aquí llevábamos toda la antigüedad en la barbarie. La civilización hispano-romana, nueve siglos nada menos, no existió y Seneca y Trajano fueron analfabetos pastores de cabras. El cuento árabe es el cuento chino que están empeñados en hacernos tragar.

Pero hubo una Hispania floreciente y un reino visigodo después con capital en Toledo y sentido, organización y estructura de tal, que fue derrotado y destruido por el nuevo poder islámico que avanzaba incontenible entonces en 711 y que llegó a cruzar los Pirineos y hacerse con parte de las Galias, Tolosa y Narbona en la actual Francia, hasta que los francos los frenaron en Poitiers en el 732.

Diez años antes, en las montañas astures había pasado algo también. Pues es muy evidente que pasó. Lo cuentan las viejas crónicas cristianas, rotense, abeldense etc, con todas las exageraciones que quieran, pero ahí están y lo cuentan las musulmanas aunque intentando hacer ver que no había pasado “na”, o casi.

Me quedo con esta certificación por provenir de la parte implicada para mal como la mejor demostración de que existir ya lo creo que existió. Lean : *Dice Isa ben Ahmand Al-Razi que […] se levantó en tierra de Galicia un asno salvaje llamado Pelayo. Desde entonces empezaron los cristianos en Al-Andalus a defender contra los musulmanes las tierras que aún quedaban en su poder, lo que no habían esperado lograr. Los islamistas, luchando contra los politeístas y forzándoles a emigrar, se habían apoderado de su país hasta llegar a Ariyula, de la tierra de los francos, y habían conquistado Pamplona en Galicia y no había quedado sino la roca donde se refugió el rey llamado Pelayo con trescientos hombres. Los soldados no cesaron de atacarle hasta que sus soldados murieron de hambre y no quedaron en su compañía sino treinta hombres y diez mujeres. Y no tenían qué comer sino la miel que tomaban de la dejada por las abejas en la hendidura de la roca. La situación de los musulmanes llegó a ser penosa, y al cabo los despreciaron diciendo: “Treinta asnos salvajes, ¿qué daño pueden hacernos?”.

¿No les suena eso a algo así como lo de la zorra y las uvas, después de haberlo intentando comérselas abandonar con un “no están maduras”? ¿Y no está ahí, en la interrogación final, el peor error, el de menospreciarlo, que pudieron cometer?.

Porque si algo prueba, mejor que cualquier documento, la existencia de Covadonga son sus consecuencias. Al norte de la Cordillera Cantábrica desapareció para siempre el poder musulmán, ya no hubo gobernador, que lo había, Munuza, en Gijón, ni lo volvería a haber jamás. El pequeño reino estableció su capital en Cangas de Onis y allí resistió al gigantesco poder del Islam. Es más, en no mucho tiempo toda la cornisa cantábrica, de Galicia hasta el territorio vascón estaba en su poder. Y cuando los emires de Córdoba fueron más conscientes del peligro que ello suponía ya no pudieron revertir la situación. Los descendientes de aquellos “treinta asnos” tomarían Toledo (1085), obtendrían la victoria en la batalla crucial, las Navas de Tolosa (1212), se apoderarían de Córdoba (1236) y Sevilla (1248) y finalmente de Granada (1492).

Y aunque del principio no se han querido acordar algunos, otros sí lo hemos hecho. Este fin de semana Escritores con la Historia estuvo en Covadonga y en Cangas. Tres autores, José Ángel Mañas, Isabel San Sebastián y un servidor acompañado del pintor Augusto Ferrer Dalmau y sus cuadros hemos recordado momento crucial y hemos vuelto muy gratificados al ver que las gentes resulta que sí quieren saber y que no están dispuesta a que les quieran imponer la ignorancia por Decreto Ley.