Compañeros

Los compañeros de un deportista no son solo los de su equipo. También lo son sus rivales que, en ocasiones, pueden llegar a convertirse en compañeros propios. De hecho, yo mismo compartí vestuario con jugadores que pasaron de ser enemigos íntimos a compañeros inseparables. Tipos del equipo contrario que, a simple vista y sin ningún motivo, hasta te caían mal, pero que cuando compartes vestuario con ellos se convierten en seres, no diré que imprescindibles, pero sí muy importantes para tu vida, más allá del deporte. Y a la inversa…

Cualquier atleta que haya alcanzado un mínimo nivel, no necesariamente profesional, sabe que las relaciones con sus compañeros son especiales, diferentes a cualquier otro ámbito. Lo que es bueno para el equipo es bueno para ti. Y tienes que aprender a convivir con personalidades de todo tipo. Y no es fácil gestionar esas personalidades en una actividad, el deporte, que no es que te forje el carácter, como habitualmente se dice de manera errónea, sino que te lo pone de manifiesto. Así, la personalidad lo es mucho más a 150 pulsaciones, que a 60, y no digamos ya en situaciones de máxima tensión.

Un compañero de equipo no tiene necesariamente por qué ser tu amigo

Un compañero de equipo no tiene necesariamente por qué ser tu amigo (la mayoría, nunca lo son), pero es alguien que, siempre, bien canalizado, te aporta mucho para la vida. Los rivales te enseñan a desempeñarte en situaciones complejas en las que, aunque te ganen, a la larga comprenderás que te han aportado mucho más de lo que te han hecho perder. Los más exigentes, al fin y al cabo, son los que te aportan la oportunidad de ser mejor.

Para mí son especialmente inolvidables los equipos de Claret y la Complu, precisamente por los compañeros que tuve. No fueron estos los equipos más competitivos en los que jugué, pero sí fueron, sin duda, los mejores, precisamente, por los compañeros que tuve.