CIDE: Cada uno por un lado

Por si fueran pocas las desventuras y sobresaltos que viene arrastrando la idea ilusionante (y lo era, qué duda cabe) como la calificó hace diecisiete años el entonces alcalde Pedro Arahuetes respecto al CIDE (Centro de Innovación y Desarrollo Empresarial) convocando —como primer paso— un Estudio o Plan de Viabilidad, dotándolo con más de 240.000 euros, lo cierto es que desde entonces no han hecho más que crecerle los enanos. Sería muy prolijo hacer ahora un listado de los tropezones que viene arrastrando desde entonces (en el que aparecería no precisamente como el menor la quiebra de la entonces empresa constructora Volconsa con la que se dejó colgado por bastante tiempo el camino de la ejecución) y, más aún, determinar –siquiera aproximadamente-los dineros invertidos en semejante proyecto que alguien calificó de faraónico en su día. Recordemos que el CIDE es solamente una de las partes del todo que ilusionó a Arahuetes: el CAT. Un proyecto que podría haber sido de gran músculo económico para el progreso de Segovia.

Dicho esto viene a aumentar sus desdichas la ruptura o rescisión del contrato que para completar la obra tenía el Ayuntamiento suscrito con la empresa “Rogasa” quien debía haberlo tenido concluido para su recepción por el Ayuntamiento para el día 9 de enero aun luego de algunas consentidas demoras. Pues bien, resulta que ni en esa fecha ni en tres meses más el Ayuntamiento que preside Clara Luquero (que se encontró con la “patata caliente” todo hay que decirlo) ha aceptado recibir la obra de Rogasa por entender que había ciertos aspectos esenciales que “los técnicos consideraban imprescindibles para validar la obra”.

Claro, llovía sobre mojado si se tenían en cuenta experiencias negativas que la precipitación en la recepción se tenían por ejemplo del parking de José Zorrilla, el de Padre Claret o el desventurado acabado del embalse de El Pontón, que fue recibido sin haber cumplido la exigencia legal de dejarlo limpio, a pesar incluso de una ampliación del presupuesto para dejarlo libre de las ferrallas, alambradas, torretas de la luz, maderas, bidones, etc. que por cierto allí siguen. Por tanto no está mal que el Ayuntamiento ante esa situación, y según el concejal Jesús García Zamora, haya decidido rescindir el contrato con la empresa y cada uno por su lado. Claro, la cosa no va a ser tan fácil. Por un lado porque la empresa seguramente no lo aceptará y, por otro, porque tampoco estará sin duda de acuerdo con la liquidación que se le presente: por lo que serán los Tribunales los que tengan que decidir.

Y vuelta a enredarse otra vez en un nuevo pleito que como otros le va a costar un ojo de la cara al Municipio. Ya lo decía un buen abogado que yo admiraba por su sagacidad: vale más un mal arreglo que un buen pleito.

Lo que no está claro y causa cierta sorpresa es por qué la empresa constructora lo ha dejado llegar a este extremo de la rescisión contractual si eran tan menores las deficiencias que se dilucidaban. Es como si subyacieran motivaciones menos claras que la han inducido a ese extremo. Eso por un lado. Porque existe por otro la duda de cuál será a partir de ahora el camino que deberá seguir el CIDE para su finalización definitiva, lo que hace pensar en un tiempo dilatado teniendo en cuenta los trámites legales y administrativos que conllevará. En todo caso más quebranto en la gobernanza municipal.