César Arcones – Reinventarse

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Pues parece que las decisiones que se esperaban desde hace varias semanas sobre el final de las competiciones han llegado en el mismo vagón primaveral que el polen y causando los mismos síntomas: picor e irritación (por criterios clasificatorios), lágrimas (de alegría por ascensos consumados y descensos indultados) y congestión nasal (por ver si los gastos de la próxima temporada nos dejarán respirar). Nada que no pueda arreglar una buena dosis de antihistamínicos.

Desde el principio me posicioné en la idea de dar por finalizadas las temporadas en sus diferentes categorías. Sobre los criterios en ascensos, descensos y play-off podemos iniciar debates interminables y aunque personalmente hay cosas que me chirrían, entiendo que el marrón de intentar satisfacer a todos, tomando decisiones de este calado es prácticamente imposible, incluso si alguien quiere jugar a ser Dios.

Toda la incertidumbre que envuelve el futuro no debe hacernos olvidar lo que ha sido esta temporada para todos los que iniciaron sus proyectos meses atrás. No hablo de proclamarnos campeones en competiciones que no han terminado. Eso puede compararse a ir a comprar unos trofeos a la tienda y colocarlos en la vitrina del salón. Hablo del gran trabajo de directivos buscando recursos, entrenadores y formadores diseñando entrenamientos, madres y padres sacrificándose para que sus peques practiquen deporte y, sobre todo, de esa marabunta de niños y niñas haciendo lo que más les gusta: jugar.

Ese silencio de canchas y pabellones vacíos es el golpe más fuerte que podemos recibir. Nos dicen que deberemos acostumbrarnos a ello. Nos va a tocar reinventar la esencia del deporte. Seguramente no sea lo mismo pero el balón se muere de ganas por botar y rodar hacia porterías que desean acogerlo besando sus mallas mientras el portero se lanza en su busca, ejecutando esa parada que le lleva rondando la cabeza desde el primer día que echó el candado a sus sueños de poder volar.

Desde la paciencia y la responsabilidad hagamos el esfuerzo para que, tarde o temprano, no volvamos a ver una cancha vacía y, sobre todo, que el silencio deje de ser banda sonora del juego y el deporte. Un día menos…