César Arcones – Por ejemplo

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Fue uno de mis ídolos en mi juventud. Reconozco que tardé años en conocer la pronunciación exacta de su apellido: Unzúe o Unzué. Llegó al Barça en un mal momento. El monopolio Zubi se había instaurado bajo los palos del Camp Nou y parecía imposible mover la coctelera. Voló a Sevilla, nunca mejor dicho, porque sus acciones, llenas de explosividad incluían vuelos directos hacia las escuadras buscando balones imposibles en Nervión. Esa camiseta Umbro, negra con detalles rojos que nunca pude conseguir y añoraba cada noche de Reyes…

He tenido la suerte de asistir a charlas y ponencias suyas donde te cautivaba la forma de transmitir conocimientos, pero sobre todo como conectaba con los asistentes desde una tranquilidad impropia de alguien al que le exigen continuamente resultados cada semana.

Esa admiración, deportiva y docente, ha traspasado cualquier límite y ha llegado a lo personal. La manera de comunicar que padecía ELA, sus reflexiones, siempre positivas, llamando a las cosas por su nombre: “hay que hablar de la muerte con normalidad, perdiéndole el miedo”.

Sabe que es una enfermedad que le acabará venciendo y aún así sabe que es el momento de dar más importancia al camino, a ese proceso que le convertirá en la imagen de tantas personas que buscan dar visibilidad a su problema para convertirlo en un proyecto común.

En un momento como el actual, lleno de incertidumbre y pesimismo, en el que muchas veces nos sentimos huérfanos de referentes capaces de predicar con el ejemplo y añoramos que la palabra “valores” no quede únicamente en un concepto tan lejano como abstracto, ojalá nos pueda llegar esa energía para ser un poco mejores cada día.

“Hay más gente buena que mala, sólo que éstos hacen más ruido”. Coincido al máximo con su mensaje. Me despido de todos vosotros en esta columna hasta la próxima temporada y quiero hacerlo desde la esperanza. Hay por delante muchos proyectos que necesitan de grandes personas y las hay. De nosotros depende formar buenos equipos con esa buena gente. Aún a riesgo de parecer simple, ñoño y utópico sigo creyendo en la persona. Yo pienso intentarlo…tú verás.