César Arcones – Ponencias y ponentes

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Acabo de enviar a mi amigo Adri Martiño la última ponencia en la que he estado trabajando estos últimos meses. Más de uno pensará que es una locura tardar tanto en confeccionar una exposición de algo más de 90 minuto, pero siempre he creído que los conocimientos y experiencias que compartes con la gente que ha invertido su tiempo y dinero para asistir a tu ponencia, ya sea presencial u on line, debe estar regida por la honestidad como título, independientemente del tema que después quieras tratar.

Después podrá gustar más o menos. Adaptarse a los asistentes es una de las mayores dificultades a las que te enfrentas. Lo heterogéneo del grupo, muchas veces con distintos niveles formativos y de conocimientos, supone un hándicap que debe superarse dando a cada uno información en modo de ‘pildoritas individuales’ que puedan digerir y les aumente el apetito por seguir devorando lo que les estás presentando.

Al igual que sobre la cancha hay tantos estilos como jugadores, lo mismo sucede con los ponentes. He asistido a charlas donde he salido inundado y agobiado por power point de mil colorines y con más texto que el Quijote; otros con decenas de vídeos en los que no llegaba a ver nada de lo que allí planteaban, manejadores de fichas en pizarra que las mueven como trileros a máxima velocidad…y en otras donde el ponente, con poco apoyo material más allá de su palabra es capaz de envolverte en una atmósfera mágica que terminarías por incluirle en su testamento o avalarle una hipoteca.

Creo que todos hemos sido alguna vez los estereotipos señalados en el párrafo anterior. Lo importante, como en todos los ámbitos de la vida, es aprender de esos errores de cara a la siguiente oportunidad.

A nivel personal, cuando se supera el centenar de clinics o ponencias, se va adquiriendo un poso que ayuda a la hora de hablar en público. Sin embargo, los nervios y el cosquilleo en el estómago están siempre presentes y eso es señal de que sigues vivo.

Más allá de lo deportivo, es una terapia maravillosa. No hay ocasión en que termine una exposición y, reflexionando después, sería interminable la lista de cosas que cambiaría si estuviera de nuevo en el proceso previo de creación. Forma parte de esa terapia, al igual que visionar ponencias de años atrás. A veces uno hasta reniega de lo que ahí dice y creo que es maravilloso cuestionar constantemente lo que hacemos porque eso nos enriquece como profesionales y personas obligándonos a seguir trabajando y formándonos sin olvidar el título principal de la ponencia: Honestidad.