César Arcones – Divisiones

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Entramos en la parte final del curso escolar. Últimas semanas donde me juego todo a una carta mientras en sueños (o pesadillas) aparecen prefijos y sufijos, artrópodos y ungulados, ríos y afluentes con nombres que me suenan menos que la alineación de Burkina Faso, juegos tradicionales, témperas, plastilina y números, muchos números.
Números que se suman, se restan, se fraccionan y se multiplican hasta el infinito…y más allá que diría el amigo Buzz Lightyear, y es que ‘pelis’ infantiles también han caído unas cuantas. Multiplicaciones con una y dos cifras y cuando pensaba que el Nobel estaba cerca por mi asombroso dominio de las tablas me obligan a dividir(me).

Y continúa la división; una red que separa rivales y equipos, una línea en mitad de la cancha que impide volver atrás para buscar siempre el aro contrario o con tratamiento de frontera, obligando a los porteros de futsal a pagar peaje ejecutando el saque de cadera con un bote previo con plasticidad semejante a una obra de arte.

Pero somos así (de imbéciles) y en lugar de convivir con la división natural para hacer equipos y poder jugar y competir, realizando operaciones que nos lleven a soluciones propias de nuestro deporte, preferimos seguir añadiendo cifras al divisor, complicándonos el camino y consiguiendo resultados que abogan por marcar una línea infranqueable, con barreras ideológicas que rechazan, desvían o despejan cualquier opinión distinta a la nuestra, etiquetándonos con colores más allá de nuestras equipaciones de juego, con banderas y pancartas que para nada recuerdan a los tifos que adornaban la curva del ‘Perico’.

No sabemos en qué momento del partido nos encontramos. Si estamos en el descanso o en la reanudación después de un tiempo muerto que ha pedido el entrenador contrario para ‘clavarnos’ un 5×4 y hacer que pase el tiempo así, sin más, entre bostezo y bostezo hasta que el sonido de la bocina marque el final.

Visto lo visto, difícil pedir a estas alturas ejercicios de responsabilidad. Ojalá nuestros dirigentes (con chándal o con corbata) lleguen a tener ese momento de lucidez para enchufarse de nuevo al partido y vean claro el siguiente paso: cero al cociente y bajo la cifra siguiente.