Carmen Tomás – España, a por uvas

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Las bolsas parecen haberse animado con la expectativa de que las relaciones entre Estados Unidos y China se relajen. Veremos cuánto dura esta tregua, si se consolida y puede dar realmente un respiro a los inversores, pero también a las empresas y ciudadanos del mundo. En todo caso, hay un daño que ya está hecho. Hay una desaceleración económica en marcha y ya muchos la están padeciendo. De hecho, los países serios toman medidas o anuncian que las van a tomar. Es el caso de la propia China o Estados Unidos que adelantan bajadas de impuestos. O de Alemania, que baraja aumentar en 50.000 millones el gasto público, dada su ventaja en las cuentas públicas y su nivel de deuda y empleo.

Sin embargo, desgraciadamente, la guerra comercial no es el único problema a la vista. La inestabilidad política en Italia y sus malos datos económicos, la más que probable salida del Reino Unido de la Unión Europea por la vía dura y alocada o la falta de gobierno en España son elementos que mantienen en alerta a los mercados, a las organizaciones como la OCDE y a los bancos centrales.

Esta preocupación por la evolución de la economía europea, pero también mundial, y la posibilidad de una recesión en un año o año y medio, no parece preocupar a nuestro gobierno en funciones. Antes de las vacaciones de Sánchez, tanto la ministra de Economía como la de Hacienda incluso anunciaron que el gobierno en funciones estaba valorando aumentar una décima la previsión de crecimiento de la economía española. Sánchez llegó a decir que las cifras de España son positivas, cuando ni siquiera sus indicadores adelantados dicen eso, sino todo lo contrario. La realidad es que se nos viene encima una crisis y aquí andamos de reuniones con la sociedad civil en lugar de buscar soluciones a los problemas. El primero, intentar en serio la posibilidad de formar un gobierno, antes que ir a unas nuevas elecciones. Comicios en noviembre supone no tener gobierno efectivo hasta después de Reyes, si es que se puede. Mientras, pensionistas, funcionarios, servicios de las CCAA esperando y la incertidumbre de las empresas creciendo, lo que traduce en menos inversión y menos empleo.