¿Cambio de paradigma nacional?

Por tres veces repitió Santiago Abascal que de lo que se trata ahora es de que el candidato de Vox, Juan García-Gallardo, se aúpe a la vicepresidencia de la Junta. Habló del derecho y deber de formar gobierno. Quiere ello decir que el vencedor de esta convocatoria electoral –al alimón con los partidos localistas Soria Ya y Unión del Pueblo Leonés- da un viraje total a su estrategia. Y rompe los esquemas simples que mantienen que el desembarco de un líder nacional en unas elecciones regionales termina perjudicando más que beneficiando. Lo rompen, sí, pero hasta cierto punto. Porque en los votantes del PP y del PSOE –y ello indica un reseñable índice de madurez política- no ha predominado el voto emocional en la misma medida que lo ha hecho en los de Vox. Los populares, como los socialistas, administran gobiernos, y se puede evaluar su gestión. Vox ha escondido a su líder regional, que ha reducido con celo sus comparecencias. Incluso el grado de conocimiento que se tenía de él. Un 77,9% de los votantes, según el CIS, no lo reconocen. Ayer cometió algo impropio en quien quiere tener un puesto de responsabilidad: habló de medios de comunicación lacayos. Es el mayor ejemplo de bisoñez institucional que puede haber.

Ha sido sintomático que en la campaña su foto compartiera cartel con Abascal, que es quien posee la identificación del partido. Quien habló ayer tras los resultados fue el líder de la formación y nada me extrañaría que las negociaciones futuras sea él mismo quien las encabece. Pero el paradigma tiene visos de encaminarse a un cambio. Vox pasará de ser el partido de la palabra, de la crítica, de la protesta a tener responsabilidad de gobierno antes que se convoquen unas elecciones nacionales. Muchos, empezando por quien esto escribe, se extrañó al oír ayer a Abascal decirlo. “Derecho y deber de formar gobierno”. Si esto se consolida, el escenario estratégico que impera hoy en la política nacional recibirá un cambio sustancial, y se vivirá en Castilla y León.

No tan dulce victoria

Alfonso Fernández Mañueco y el PP han ganado las elecciones y han mejorado los malos resultados del 2019. Pero no conseguirán el objetivo de poder gobernar con las manos libres. Vox no se lo va a permitir. Lo que desaparece del horizonte es la moción de censura. Y desde luego, sería una temeridad que los dos partidos no llegasen a un acuerdo y surgiera el fantasma de nuevas elecciones. El 50% de los castellanos y leoneses con derecho a voto lo hace por Vox o por el PP. Es una realidad social evidente. ¿Cómo puede todavía seguir manteniendo el candidato del PSOE, Luis Tudanca, que es un error que se las Cortes sean el verdadero escaparate de la realidad social? Podrán gustar más o menos los resultados, pero es la decisión de la soberanía nacional.

Sería una temeridad que los dos partidos no llegasen a un acuerdo y surgiera el fantasma de nuevas elecciones

¿Qué es lo que les ha pasado a los populares para que en algo menos de un mes unas altas expectativas terminen bajando de manera sustancial? Se puede argüir que el PP ha sido víctima de su propio ímpetu inicial, que lo colocaba rozando la mayoría absoluta. Pero es una conclusión tan simple como falsa. Los primeros sondeos nunca bajaron de los 35 escaños. Lo que quiere decir que el partido de Fernández Mañueco se ha dejado por el camino un buen número de votos. Cuando esto sucede es porque el elector ha fijado su intención en una imagen de marca y luego, con el paso del tiempo, se ha visto defraudado en sus expectativas. Tiempo habrá para profundizar en las causas de esta deserción.

Hay que reconocer, no obstante, que el PP ha sabido mantener el tipo en una época de pandemia, y valorar los datos de Segovia, que han sobresalido en comparación con el conjunto de la Comunidad. La campaña coordinada por el dúo Vázquez-De Vicente ha funcionado mucho mejor que en el resto de Castilla y León. Con un único grano para ellos: que los socialistas siguen ganando en la capital, por 145 votos, aunque si se consolidara la entente PP-Vox perderían la alcaldía. Pero no hay que ser alegre en las extrapolaciones con las municipales, en donde el factor gestión y la adhesión personal son más evidentes. Y no hablo solo de la capital ni valoro la actuación del equipo de gobierno municipal, cosa que por otra parte ya hemos efectuado en repetidas ocasiones.

¿Adiós a Tudanca?

El perdedor de la jornada ha sido el PSOE, y sobre todo su candidato Luis Tudanca. Ayer decía que vendrán otros que harán posible el cambio. Suena a despedida: probablemente será una despedida, pero en política nunca se sabe. Pedro Sánchez le debe un favor que viene de cuando desde Moncloa movieron los hilos para que interpusiera una moción de censura. Hace unas semanas los socialistas tenían descontada la derrota. La irrupción del CIS de Tezanos les dio esperanza. Cuando el votante ve que su voto no va a ir a la papelera se moviliza. Por eso Sánchez se lanzó a la palestra incluso tirando de BOE. Pero ni por esas. Como se decía, uno de cada dos votantes de CyL lo hace por Vox o por el PP, que hace unos años conformaban el mismo caladero de votos en una única dirección. Es la realidad sociológica que los socialistas no consiguen cambiar.

Si he afirmado que el perdedor de la jornada ha sido el PSOE es porque lo de Ciudadanos era más que una probabilidad

Si he afirmado que el perdedor de la jornada ha sido el PSOE es porque lo de Ciudadanos era más que una probabilidad. Igea realizará, si sigue en las Cortes, algo que le gusta: el papel del elefante en una cacharrería, aunque forme parte de un grupo parlamentario, el mixto, con cinco formaciones.

Lo relevante no es la estrepitosa caída de Cs sino saber a dónde han ido a parar sus votos. Teniendo en cuenta que la abstención solo ha sido un 2% mayor que en las pasadas elecciones –por cierto, ejemplar el comportamiento ciudadano de los castellanos y leoneses que han dado una muestra de compromiso social digno de mención- el trasvase claramente ha sido a la derecha, y no solo al PP, si la aritmética no falla. Es otro dato que analizar. Si responde al votante refugio –es decir, aquel que recela de los partidos mayoritarios por diversas causas y busca aliarse con partidos no contaminados por el poder- no haría bien Vox en pavonearse de un voto que puede ser prestado. Mañana puede trasvasarse con la misma facilidad que llegó. Por ejemplo, cuando la novedad se diluya y el ejercicio del poder deje su huella. Piénsese en lo que ha ocurrido con Podemos. A Podemos le va mejor electoralmente ir a la contra que ejercer el poder. Pierde en estas elecciones un procurador. Se podrá decir lo que se quiera, pero la labor de gobierno desgasta; por eso incluso la vicepresidenta estrella, Yolanda Díaz, no se ha dejado ver. No era Castilla y León el escenario más idóneo, y los resultados no le han quitado la razón.

No se puede atribuir al movimiento de la España vaciada los resultados de Soria Ya, Unión del Pueblo Leonés y XÁvila. Por supuesto que los argumentos de Soria Ya beben de la misma fuente, pero esta plataforma viene de atrás. Sí que es significativa la proliferación de los intereses localistas en una Comunidad como Castilla y León, y la fuerza de los partidos provinciales de León y Soria en sus respectivos territorios, lo que evidencia las grietas que tiene la configuración de la autonomía, que cada día más se parece a la mancomunidad de diputaciones de principios del siglo XX. Santiago Abascal ayer se apuntó al carro queriendo sumar a estas formaciones a la iniciativa gubernamental futura. Nadie como él sabe navegar en el descontento, pero me temo que esta vez pinchará en hueso desde el punto de vista político.

Termino como empiezo. Castilla y León puede ser el escenario de un cambio en el paradigma de las relaciones políticas en España. La lógica habla de un gobierno de coalición de aquellos que hace unos años en su mayor parte eran los mismos. Veremos hasta qué punto los personalismos y las estrategias nacionales lo impiden.