Más que ajedrez | Bogart, ajedrecista

Creo que este es el comienzo de una hermosa amistad”. Con esta frase cerraba la película Casablanca, pero el improvisado rodaje, los diálogos se escribían la noche antes, Humphrey Bogart lo quiso terminar con una partida de ajedrez entre Rick y el Capitán Renault, interesante, pero faltaría algo que hizo de Casablanca un mito del cine.

Bogart es uno de los actores más famosos de Hollywood, pero pocos saben que fue un ajedrecista consumado. Su padre, cirujano, le enseñó a mover las piezas cuando Bogart era adolescente. El juego fue para él una tabla de salvación tanto económica como de su forma de vida.

Expulsado del colegio elitista donde se educaba, terminó ganándose la vida en apuestas en los tableros callejeros de Nueva York. Los 10 centavos por partida ganada, Bogart sacaba lo suficiente, era un consumado jugador, le hubieran permitido vivir, pero eran invertidos en alcohol. Pese a todo, superó los años duros de la crisis del 29 gracias al ajedrez.

Leslie Howard le introdujo en los estudios de cine en 1936 para rodar El bosque petrificado y Bogart empezó a encadenar éxitos. En sus películas siempre había un tablero tanto en escena como en su camerino, y resolvía problemas durante los descansos de los rodajes. El ajedrez fue la conexión con su última esposa, Lauren Bacall, 25 años más joven y buena ajedrecista.

Son muchas las imágenes de Bogart ante un tablero, pero no solo en el cine. Jugó al ajedrez durante la Guerra Mundial en partidas a distancia con los soldados heridos, pero el ajedrez por correspondencia duró poco. El FBI interpretó que las anotaciones de las cartas contenían información cifrada y, tras una investigación por espionaje, prohibió la correspondencia ajedrecística.

Se enfrentó a ajedrecistas como Herman Steiner o Michael Romanoff a los que llegó a ganar y dio nombre al gambito de Bogart, jugada recurrente en sus partidas, propias de un ajedrecista agresivo desde la apertura, o mejor dicho, propias de un tipo duro.