Bajarse al barro

¡Escándalo!, ¡vergüenza!, ¡humillación!… nos hemos acostumbrado a grandes titulares con estas palabras, ocupando la totalidad de las portadas de todos los diarios cuando un equipo, de los denominados ‘grandes’ cae eliminado en una competición a manos de un rival que juega en una categoría inferior.

Es deporte, y que un equipo gane a otro es una posibilidad que puede darse, con más o menos porcentaje de éxito, pero de hecho ocurre y es uno de los alicientes que acerca al aficionado. Si ganara siempre el de mayor presupuesto, el más alto, el más guapo y el más famoso, estaríamos poniendo a la emoción fecha de caducidad.

Como si no tener los mismos números en la cuenta corriente obligara a tener que pedir perdón por tener que compaginar su sueño deportivo con estudios u otra profesión

Seguramente debiéramos quitarnos el traje de forofo para disfrutar de esa justicia épica que permite lograr su gesta histórica a equipos que despreciamos porque no sabemos ni siquiera ubicar el mapa, con un campo pequeñito e instalaciones muy modestas, y que nos permitimos el lujo de etiquetar como ‘no profesionales’. Como si no tener los mismos números en la cuenta corriente obligara a tener que pedir perdón por tener que compaginar su sueño deportivo con estudios u otra profesión, antes de enfrentarse de igual a igual con un balón por medio.

La profesionalidad no va en el sueldo. Va en la actitud, en el día a día, en transmitir, en formarse, en querer mejorar y hacer mejores a sus compañeros, en anteponer el interés y objetivos del equipo por encima de lo individual…y afortunadamente, el escenario no puede cambiarla o limitarla, ya sea el nuevo Bernabéu del siglo XXIII con techo retráctil, el césped artificial de Cornellá o el barro de Alcoy.

Sigamos disfrutando de su alegría por conseguir algo que no olvidarán jamás

Sigamos disfrutando de su alegría por conseguir algo que no olvidarán jamás. Se lo merecen. ¿Quién no ha soñado alguna vez, aunque fuera un minuto, convertirse en el gran José Juan?