Bailando con lobos

Pedro Sánchez sigue haciendo oposición a la oposición. El fin de semana, en el transcurso de un mitin diseñado como un acto de culto a la personalidad, proclamó que vendrán cuatro años más de gobierno progresista y avances sociales asegurando que “en España no va a haber ni Trump, ni Bolsonaro, ni el holandés Wilders, ni Feijóo, ni Abascal”.

Sigue en campaña, pero no creo que esté pensando en los comicios europeos para los que faltan seis meses. Me inclino a pensar que esa agresividad está en su naturaleza porque todavía no se le ha pasado el susto de las elecciones de mayo en las que el PP barrió, consiguiendo la mayor parte de lo gobiernos de las comunidades autónomas. Y después volvió a perder en las urnas el 23 J pero, gracias a sus cesiones vergonzantes a los separatistas, retuvo por los pelos la llave de La Moncloa.

Un nivel de agresividad tan elevado solo encuentra explicación en el susto que pasó y el temor a que se repita. Tiene cuatro años de lgislatura por delante. Otra cosa es lo que dure dadas las exigencias de Junts y de ERC que bordean el chantaje, por no hablar de la oposición que anuncia desde el despecho Podemos, que se ha quedado fuera del Gobierno, pero con esa perspectiva la lógica induce a pensar que como primer objetivo de la legislatura debería intentar rebajar la tensión. Porque la polarización política que divide a la sociedad es un hecho que debería preocuparle como gobernante y como ciudadano.

A esa división entre españoles han contribuido de manera directa los pactos con los separatistas que aparejan la amnistía a los delincuentes que dieron el golpe del “procés” proclamando la independencia de Cataluña. Aún así ha decidido seguir tensando la cuerda. La absurda equiparación de Núñez Feijóo con Trump o Bolsonaro confirma que tiene la intención de seguir con la estrategia del “muro” contra la “derecha extrema y la extrema derecha” que anuncio en el Congreso en el transcurso de la sesión de investidura.

No es difícil avizorar a dónde nos puede llevar semejante forma de gobernar. Tensión entre las instituciones, broncas en el Parlamento y por contagio, tensión en la calle con manifestaciones de rechazó aquí y allá. Sabiendo que los partidos separatistas catalanes anuncian estar dispuestos a cobrar el peaje de los pactos con el PSOE dando el paso hacia la convocatoria de un referéndum de autodeterminación -ilegal en el marco que establece la Constitución- abocamos a una situación que abriría una crisis institucional de alcance desconocido. Por eso sorprende que el presidente del Gobierno no haga el menor gesto de aproximación al PP como primer partido de la oposición. Por lo que pudiera suceder. En el otoño de 2017, Pedro Sánchez al frente del PSOE apoyó la aplicación del Art. 155. Pero parece que lo ha olvidado. Es lo que tiene estar bailando con lobos.