Aquel empleado municipal que cobraba sin estar en plantilla

Teniendo como premisa que las noticias que hay ‘pa bajo’ son muy longevas y el paso del tiempo, la vida misma, les ha dibujado arrugas; sabiendo que para aclarar la garganta no hay cosa mejor que la clara de huevo -eso afirma mi enemigo cordial ‘el Manuel’- pues eso, que sin más… usted mismo.

Esta es buena

De esas cosas curiosas que tiene la vida municipal, concretando: esa vida en la Corporación, describo a la sazón (que no sé yo si se dice así), que, siendo el año 1893 y estando reunida ‘la’ permanente hay un concejal que pide la palabra y pregunta al alcalde: ¿Podría decir las causas por las que no se ha pagado el sueldo a un determinado empleado municipal? No contesta el alcalde pero sí otro concejal: ‘no se le ha pagado a ese empleado porque tras una investigación interna se ha demostrado que no figura en plantilla’ ¡Ojo al parche!

El ‘funcionario’ llevaba meses cobrando. ¿Trabajaba? ¿no trabajaba? ¿Quizá fue ‘enchufado’? Y… ¡qué más da! ¿De quién es el dinero público, ayer y hoy? De nadie, Manolo, de nadie. Pa qué vamos a ahondar.

Vengo a recordar aquí aquél ‘corrido mejicano’, ‘Cielito Lindo’ y su letra: ‘ay, ay,ay…/ Canta y no llores/…’  (Aplíquese según proceda).

En torno a Aniceto Marinas

Siendo las ocho horas del domingo 22 de abril de 1893, teniendo como lugar de acogimiento el Santuario de la Fuencisla, celebraron matrimonio D. Aniceto Marinas García -nacido en1866-, renombrado escultor, y Dñª Valentina Merchán Ambrosio, de estado civil viuda. Hubo en el acto escasa concurrencia. Las invitaciones fueron muy ‘concretas’. Item más, o ampliación de datos. El escultor segoviano había conocido a Valentina en Madrid. Ella era natural de Villanueva de la Vera (Cáceres) y, como tantos otros y otras de toda España, se había trasladado a la capital donde casó y enviudó.

Unos años después, ya casados, Marinas, que había viajado varias veces a conocer la tierra de su esposa, regaló una talla con el título de ‘San Antonio y el Niño’ que se ubicó en la iglesia de la Concepción. Por ese motivo, siendo alcalde de la localidad Simón Valverde, la Corporación tomó el acuerdo de declarar hijo adoptivo al escultor y dar  su nombre a la Plaza Mayor.

A principios del siglo XX el obispo de Plasencia, Francisco Jarrín y Moro, trató de llevar la talla a la catedral ‘por tratarse de una imagen de reconocido valor’. Los feligreses, para que ello no sucediera, fundaron la cofradía de San Antonio. La iglesia fue declarada monumento BIC.

Marinas, para perpetuar la imagen de su esposa –es un decir-, plasmó, año 1899, sobre  mármol y bronce  un busto de Valentina, que desde 1947 se encuentra en el Museo Nacional de Arte Moderno.

También, y solo a título de curiosidad: un hermano de Aniceto, en este caso Nicolás, casó con la también villanovense, Inocencia Prieto.

Y para que a lo escrito no le falte de ‘ná’, apunten: El gran escultor tiene calles con su nombre, además de la referida, en Brunete, Navas del Marqués y Madrid capital. Sin olvido de la que tiene en nuestra ciudad.

Paro en La Granja

Entre los meses de julio a noviembre de 1926, la fábrica de cristal La Esperanza de La Granja, mantuvo parada su actividad. La ‘parada’ sumió en una crisis económica importante a la localidad. Los trabajadores, ahora en paro, eran el sustento de su actividad comercial. En ese tiempo hubo reuniones constantes, laborales, sindicales y políticas, de todo tipo para que comenzara la actividad. Pero… cinco meses sin percibir salario.

Una de robos

Siete años faltaban para entrar en el siglo XIX cuando un vecino de Olombrada, Cipriano Merino, es detenido por la Guardia Civil acusado de robo en el domicilio de Saturnina Sanz. Del interior de la vivienda sustrajo una bolsa de piel de gato donde la denunciante guardaba sus ahorros. En total fueron 40 pesetas. El detenido, que ‘cantó’ ‘La Traviata casi entera, detalló haberse gastado una peseta en su cena de la noche del robo. El resto lo había repartido con amigos de ‘negocio’: Sandalio de la Calle, Emilio Hernández y el ‘Merino’. Todos pasaron a disposición judicial del Juzgado de Cuéllar. Requisada fue también la pistola que Sandalio había adquirido por 5 pesetas.

(Semanario ‘La Legalidad’- 1893)

Solo en verano se pueden ‘descubrir’ estas noticias.