Antonio Horcajo – Nunca lo esperaba

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No lo esperaba pero ha ocurrido. No sé aún si estas vivencias me han hecho bien o me han causado sentimientos negativos. Seres próximos o lejanos, desconocidos que han sido utilizados como meros números para adelgazar encuestas y unas estadísticas meramente numéricas, justificadas solo para apariciones televisivas. Sin vida propia pero falseadas según parece y donde se refleja la vida que se ha llevado, casi en un susto, en un instante, en una nada, muchas vidas próximas, o tal vez lejanas pero, seguro, llenas de futuro en su esperanza, tajadas brutalmente, como a traición. El ser humano, dueño del mundo, desarbolado por un mal bien presente. Y hace nada apenas presentido. Algo falla para completar y complementar informaciones manipuladas y sentimientos profundos de las almas heridas, sin el consuelo de la despedida.
He visto y sufrido las consecuencias de una manipulación repugnante que ha sido aprovechada por seres de alma infecta, logreros y logreras de la política, entendida como medio para medrar, no para servir.

Estamos inmersos en una maraña de peste vírica, aún no resuelta, y con ser grave -como ya nos decía Andrés Laguna en su Discurso sobre la Pestilencia-no lo es menos cuando es aprovechada, ahora, por seres infectos de alma, a los que, por supuesto, les resbala en su indiferencia, capaces de saltar todos los respetos y las normas, con tal de llevar el timón de los demás al lamentable puesto donde se generan, y todos han de consumir, so pérdida de prebendas, sus planes de siembra de la cizaña que busca sus frutos en la sociedad civil.

No respetan sentimientos, atropellan lágrimas mientras proclaman, y quieren provocar, la inasistencia de los mayores para sanear las cuentas de la seguridad social, mientras dilapidan en gastos superfluos de alistamiento clientelar.

La política, cuando los recursos para pervivir se dilapidan en subvenciones y folklores ( el “Panes et Circensis”, sigue vivo) mientras millones de parados y menesterosos acuden a los centros de caridad o, por vergüenza, aprovechando la oscuridad, hociquean en las papeleras y los cubos, para seguir viviendo. No vale el triunfalismo de las pantallas, hay que exponer las imágenes que, tristemente, nos ofrece la realidad.

Son legión los españoles que salen a diario a la plaza buscando quién les contrate y, ni a la hora última, aparece el viñador que los necesite. Y mientras se proponga la subida de impuestos (y mucho más si se hace, a pesar del aviso de los viñadores) la nómina de la legión de parados seguirá en aumento.

Son gentes que suplican un trabajo con dignidad, no una “limosna para seguir tirando”. Son españoles capaces, hombres buenos y mujeres preparadas y muy bien formadas profesionalmente para asumir responsabilidades pero que, ahora, están viviendo con la ayuda de la pensión de los abuelos: “Te lo devolveré pronto, papá.” Y el padre, acostumbrado a la lucha en años difíciles, que levantó con esfuerzo, sacrificio, privaciones y mucha constancia, la vida y el futuro de una familia digna, medita, en sus duermevela, que no esperaba este final, cuando ya lo tiene todo cumplido.

Esta, la de ahora, es la hora de España que afortunadamente no está sola. Es miembro activo y de peso en una Europa a la que nos unimos con responsabilidad y donde se tiene que saber, y respetar, que las aportaciones generosas son un activo cuando se precisa. Igual que los activos internos que con tanta generosidad se aplicaron al nuevo estado de las autonomías.

Es la hora de recordar como en los sesenta del pasado siglo se despoblaron regiones, hoy la mal llamada “España Vaciada”, cuando el esfuerzo de castellanos, andaluces, extremeños…hicieron prósperas a la Provincias Vascongadas, a la Cataluña (que se dice robada por España, con una inaudita falta de memoria y gratitud), amén de a la Alemania (entre otros países europeos en cuyos registros civiles hoy aparecen miles de apellidos españoles) necesitada de brazos, porque los suyos fueron pasto de cruel enfrentamiento mundial. Si, Europa no regala nada a España, solo cubre la deuda contraída con aquellos españolitos de gorra y maleta de cartón, que hicieron elevar los propios recursos nacionales. De los “generosos” países de acogida. Fue una España de renuncias, despoblada para levantar Europa. Fueron generaciones que marcharon a sembrar fuera y es ahora cuando aquella simiente debe dar los frutos equitativos, que han de recoger los nietos, nacidos a la sombra de los chopos y los olivos españoles.

Muchas cosas han cambiado. Algunas serán irreconocibles. Ojalá que España tenga la fe en sí misma que otros tuvieron para hacerla, solo con ingenio y trabajo, la séptima potencia industrial. ¿O fue la novena? Viniendo del terruño, que más da, lo importante fue el objetivo, la lucha y el resultado.

España, dicen, tiene hoy la mejor generación, la más preparada, la mejor dotada de elementos, de tecnología, mientras los abuelos solo supieron poner y tener voluntad, trabajo y sacrificio. Ojalá encuentre, esta generación actual, también el camino de la colaboración eficaz, del dialogo, de la concordia y los líderes que esta gran nación precisa. Será bueno luchar por la sabiduría, la prudencia y el buen gobierno que ya Platón nos recomendaba.

Y volviendo a Europa, una tierra sin fronteras, ni físicas ni políticas, donde lo positivo tenga su lugar y su respeto, donde la imposición y el sectarismo estén desterrados y donde la libertad sea cierta y plena. Donde el Sur y el Norte vean la misma estrella polar de un solo camino.