Ángel González Pieras – Economía de guerra

Que nos encontremos en una crisis profunda nadie en su sano juicio lo discute. La tendencia del ser humano a comparar situaciones ha llevado a ejercicios a la postre ridículos porque, como dicen los físicos, si las masas no son homogéneas cualquier equiparación posee un error inicial de método. La crisis del 2008 afectó al sistema financiero –unas hipotecas tóxicas troceadas en complejos productos para obtener liquidez- pero permaneció alejada de los consumidores. La actual escupe en el rostro de ciudadanos y de empresas. No es un problema de oferta solo, sino de oferta y demanda. De economía paralizada por efecto del ataque de una enemigo exterior. Más parecida por lo tanto, y aun con ello con sensibles diferencias, a la que sufrió Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Por cada mes de confinamiento los expertos prevén una caída del PIB nacional entre el 2 y 3%. La única esperanza es que el periodo crítico dure solo meses, y que el tejido productivo no quede hecho trizas y sea otro factor de ralentización de la recuperación. Ya pocos apuestan por una situación en forma de V. Lo que se pretende es evitar la L, es decir, la prolongación en el tiempo del estado de latencia que puede provocar un estancamiento severo. Lo más probable es que el escenario se parezca a una W, con subidas y bajadas sucesivas. Por ello, los estímulos públicos son los llamados a cumplir el papel de los flotadores marinos en una tormenta náutica. No solo con ayudas a la liquidez y al mantenimiento de los puestos de trabajo, sino también con limitación de las leyes del mercado. El valor de algunas empresas ha caído en picado. Fue acertada la decisión de la CNMV de limitar operaciones en corto puramente especulativas, y también han sido correctas las medidas del Gobierno español recogidas en el RDL 8/2020 para dificultar las operaciones de adquisición de empresas por parte de inversores extranjeros, exigiéndose en determinadas operaciones una autorización “ex ante”. No sería tampoco de extrañar en el futuro la toma de posición del Estado en sociedades estratégicas. El artículo 128 de la Constitución está plenamente vigente, aunque –y esto marca la diferencia frente a los partidarios de la economía planificada- en coherencia con el conjunto del articulado, no a solas y menos con una interpretación torticera. Francia entró en el pasado en el capital de Renault. Alemania en el de Commerzbank y España en el de Bankia. Hay que recordar que la exigencia alemana de que el rescate bancario español se hiciera con dinero público elevó la deuda nacional de un cómodo 35% al 97% actual.

Por eso la respuesta no puede ser solo nacional, sino de Europa en su conjunto. Uno de los peligros de esta crisis es la retracción de los países a sus fronteras. El crecimiento de los nacionalismos y de los populismos está introduciendo un egoísmo patrio que contradice la respuesta común a una crisis sanitaria y económica. Que esto pase en un país como Turquía –con estándares democráticos poco homologables- puede no extrañar, pero no debe ser el modelo de actuación de naciones como Alemania u Holanda. El martes hay una cita importante en la UE, aunque me temo que la respuesta va a ser limitada e insuficiente.

Mientras tanto, en casa, el viernes los bancos recibieron el contrato definitivo para la concesión del primer tramo de avales de 20.000 millones de euros, que se prevé se agoten antes del 30 de abril. Un consejo: negocien rápido y a dos bandas. Con una entidad pequeña –que necesitará de los 400 millones del ICO- y con una grande, con liquidez suficiente. Los bancos van a recibir una cuota de avales según la proporción de su negocio en el mercado de empresas.