Ángel González Pieras – Coronabonos

Un bono es un instrumento financiero por el que su emisor obtiene liquidez durante unos años a cambio de un rédito concretado en un tipo de interés. Suelen utilizarlo las empresas pero también los Estados. Es una manera de endeudarse en un mercado que se siente seguro porque detrás de la emisión existe una sociedad mercantil solvente o una administración pública. En Europa, una serie de países –entre ellos España, Francia e Italia- ha solicitado a la Unión Europea (UE) que emita bonos con objeto de captar de manera extraordinaria liquidez para la lucha contra el coronavirus y para paliar sus consecuencias negativas en la economía productiva. La mutualización del riesgo, al ser lanzados por la UE, a la que pertenecen países tan potentes como Alemania o Francia, auguraría el éxito de su circulación, y más si se tiene en cuenta la liquidez de la que todavía gozan los mercados financieros. Como responderían de las consecuencias de la pandemia se les ha bautizado antes de nacer como Coronabonos.

Como he dicho antes, la emisión de bonos o de cualquier otro instrumento de deuda pública es una medida extraordinaria. Las administraciones, y entre ellas la UE, cuentan con un presupuesto anual para los gastos e inversiones ordinarios del periodo. Pero hay ocasiones en que se necesita una partida no prevista en el presupuesto para hacer frente a una contingencia sobrevenida. Europa ya creó en el 2012 un fondo especial para superar los desequilibrios financieros, por no decir la quiebra, de algunos de los países que la conforman. Se le denominó Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). Se cargaron a este fondo las transferencias que se realizaron a países como Irlanda, Portugal y Grecia. Pero a cambio, estos países sufrieron unas duras condiciones en su economía. Prácticamente se intervinieron quedando a merced de los hombres de negro, que provenían de la troika formada por la propia UE, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo. Italia, con una economía muy ralentizada y con graves problemas de competitividad desde hace 20 años, se salvó por los pelos. España acudió solo parcialmente a ese fondo para el rescate bancario. Pero su economía no fue ni intervenida ni la soberanía económica limitada.

Alemania y sobre todo Holanda se oponen al lanzamiento de los coronabonos. No quieren endeudar de manera extraordinaria a la Unión. Ni consideran la situación excepcional. El primer ministro holandés, Mark Rutte, llegó a decir que allá se la apañaran los distintos países con sus presupuestos. Es típico de Holanda, un país que demuestra cada vez que puede su tirria por las naciones del sur. En especial con España. Fueron ellos y los ingleses quienes con mayor afán propiciaron la leyenda negra de nuestro país. Merkel tampoco es partidaria de los coronabonos, pero ofrece una vía intermedia: la utilización del MEDE, pero sin sus consecuencias colaterales, es decir, sin intervenir las economías. Medida con la que tampoco está de acuerdo el holandés, que incluso llegó a proponer una fiscalización especial a España por no poseer los recursos sanitarios suficientes para frenar la pandemia. Re-pug-nan-te. Y no son palabras mías, sino del primer ministro portugués, Antonio Costa, ante la salida de tono del holandés. Hoy se reúnen los miembros del Eurogrupo, que prepararán la reunión del próximo Consejo. Pedro Sánchez ha dicho que España no renuncia a los eurobonos, aunque por rapidez y pragmatismo se acepte el mecanismo del MEDE en primera instancia y la aplicación inmediata de los excedentes no ejecutados de los fondos estructurales. Esta crisis, por desgracia, no va a ser coyuntural ni asunto de un par de países. Sobran miradas cortas y juicios simplistas.