Ángel González Pieras – Ahora es la hora

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Quienes, con portentosa memoria, tengan presente los primeros artículos de esta serie recordarán que solicitábamos entonces que fluyera la liquidez al mercado para detener lo antes posible la crisis económica consecuencia de la pandemia. El primer síntoma de enfermedad de una empresa son las tensiones financieras; el último, la ausencia de solvencia. La masa monetaria posee un efecto multiplicador en cuyo origen juegan un papel importante quienes dotan de liquidez al sistema, sean administraciones públicas o entidades financieras, pero al que coadyuvan las empresas y familias como unidad de gasto final. Ambos sujetos económicos –administraciones y bancos- drenan de liquidez al mercado cuando el ciclo económico expansivo amenaza con una inflación galopante o con la creación de burbujas sectoriales, pero deben activarse cuando la recesión es la que enseña su guadaña.

La UE ha reaccionado con firmeza ante el shock económico que vivimos. Europa ha decaído como gigante industrial y como potencia comercial frente al avance de las economías asiáticas y americana. Pero su iniciativa fiscal y presupuestaria es digna de elogio. Al menos en su formulación financiera. El nuevo fondo anunciado el miércoles pondrá en el mercado 750.000 millones euros; el MEDE y el SURE anuncian, por su parte, 540.000 millones. En total, 1,29 billones de euros. Que no está nada mal. Si se añaden a la inyección del Banco Central Europeo de un billón de euros para comprar deudas nacionales -siguiendo la política anunciada por Mario Draghi el 26 de julio del 2012- dibujan un escenario prometedor en lo que a liquidez se refiere.

A este espíritu expansivo se ha unido el Tesoro español, que ha anunciado que aumenta sus previsiones de emisión de deuda. España sacará al mercado, durante 2020, 297.000 de deuda bruta –aquella en la que va incluida la refinanciación de pasivos anteriores-, la mayor de la historia. También alcanzó mínimos históricos durante el año 2019 su coste financiero. El coste medio de las nuevas emisiones se situó en el 0,23%, lo que supone una disminución de 41 puntos básicos sobre el del 2018. El de la deuda en circulación se ha reducido hasta el 2,19%. En el 2020 los costes han aumentado, aunque ligeramente, situándose en el 0,3%. Los bajos tipos de interés que hasta ahora predominan en el mercado han producido un efecto paradójico: el endeudamiento español desde 2014 ha subido considerablemente; sin embargo, el coste financiero con respecto al PIB ha bajado del 2,8% en el 2014 al 2% en el 2019.

Si hay liquidez en el sistema, ahora es el tiempo de los proyectos. Hay que aprovechar esta coyuntura para renovar el tejido productivo español, tanto de la pyme como de la gran empresa. España necesita un plan de reconstrucción industrial. Un proyecto de país. Hasta ahora, uno de los subsectores en los que éramos punteros era el del automóvil, lo que implicaba un vasto tejido auxiliar. Y ello a pesar de que no tenemos ninguna marca de propiedad nacional, lo que es una debilidad evidente. Nissan ha confirmado el cierre de sus factorías catalanas. Era un cierre anunciado a pesar de las optimistas manifestaciones del presidente de Gobierno en la última cumbre de Davos. La multinacional había dejado de invertir en sus instalaciones, generando continuos déficits. Es un mazazo en valor añadido, en imagen y en empleo. Estará contenta la número 2 de Ada Colau, Janet Sanz, que dijo que había que evitar la “reactivación” de la industria del automóvil tras el coronavirus. Va camino de ello. Lo que no dicen ni ella ni el ministro Garzón -poco amigo del turismo- es cuál es su plan B… O, bien pensado, mejor que no digan nada.