Ángel Galindo García – El “mínimo vital” y el socorro de los pobres

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“Socorro de los pobres” es el título de una de las obras de Juan Luis Vives. El humanista, filósofo y pedagogo español dice que las causas de la pobreza hay que buscarlas en su raíz. Y esta búsqueda hizo que él escribiera su tratado. Pero, conducir a una sociedad ideológicamente anquilosada hacia nuevos avances sociales, no fue tarea fácil. Las estructuras de orden feudal establecidas en la Edad Media fueron el principal origen de la pobreza, amén de otras situaciones coyunturales como los ascensos demográficos, las enfermedades y la crisis agrícola ocasionada por las malas cosechas.

La regulación del “Ingreso mínimo vital” por parte del gobierno español es una buena propuesta en favor de los indigentes pero no es una novedad ni es la mejor solución. No nace para suprimir la pobreza sino para evitar la exclusión social y facilitar la integración de personas residentes en España mediante la asignación de una renta que actúa como “ingreso” para cubrir sus necesidades básicas.

Las 43 páginas del decreto tienen muy poco de improvisación porque también tienen la finalidad de poner orden en la selva autonómica de Rentas “mínimas”, “básicas” o “de inserción”. En diversas épocas se ha intentado ofrecer modelos de solución de la pobreza. En esto mucho tienen que decir las ongs y la Iglesia. Léase la obra de Luis Vives y las actuaciones de Caritas.

Por eso, resultará interesante analizar su aplicación porque el documento quiere “garantizar la participación plena de toda la ciudadanía en la vida social y económica, rompiendo el vínculo entre ausencia estructural de recursos y falta de acceso a oportunidades en los ámbitos laboral, educativo o social de los individuos”. La prestación no es por tanto un fin en sí misma sino una herramienta para facilitar la transición desde la exclusión social que les impone la ausencia de recursos hacia una situación en la que se puedan desarrollar con plenitud en la sociedad.

Las propuestas que Juan Luis Vives escribe en su tratado “De subventione pauperum” vienen motivadas por sus inquietudes humanistas, fruto de la observación de una sociedad donde la pobreza atrae no solamente unas condiciones de vida nefastas para quienes la padecen, sino también unas consecuencias perjudiciales para el resto de la sociedad. Para el autor, la pobreza es una lacra social que sólo atrae la inestabilidad en las ciudades: delincuencia, falta de ética e inmoralidad. Cree que estableciendo unas reglas sociales y económicas, se producirá en el ser humano un cambio virtuoso en sus conductas.

Quienes conozcan la redacción del documento sobre “el ingreso mínimo vital” habrán comprobado que integra diferentes modelos de ciudadanía, quizá como expresión de un gobierno híbrido e incapaz de comprometerse con la explícita ciudadanía (liberal y social) de la Constitución del 78.

Amparándose en el laberinto académico de las ciudadanías “liberal”, “social”, “económica”, “nacional”, “cosmopolita” o “multicultural”, deja al margen la ciudadanía de las capacidades personales, la cultura del esfuerzo y la dignidad del trabajo. A pesar del transparente sistema de cálculo que se diseña, al olvidarse de la corresponsabilidad ciudadana, la debilidad de la voluntad y el compromiso personal, puede crear las condiciones para una ciudadanía subvencionada.

Aunque estos legisladores se atribuyan la paternidad de la iniciativa, debemos recordar a Luis Vives, argumentando cómo atender con justicia a súbditos necesitados. Hace casi treinta años, un grupo de profesores europeos promovieron políticas universales de rentas y crearon B.I.E.N. (Basic Income Ethic Network), liderados por Philippe van Parijs en la Universidad Católica de Lovaina. Mientras que otros compañeros entendían la renta en términos de “subvención”, él lo planteaba en términos de “capacitación”.

Desde la formación y la inserción laboral hasta su cuidado en hospitales cuando sea preciso, Vives se convertirá en el precursor de la “Asistencia Social”. Llegamos a la conclusión que la sociedad actual sufre un deterioro profundo y continuo en sus principios y que, lejos de poner en marcha medidas como las aportadas por el humanista español, hoy con el salario mínimo vital caminamos inconscientemente y de manera desmesurada hacia una sociedad piramidal, donde las multinacionales ostentan el poder sin el menor escrúpulo. No cabe duda que ante este panorama, la Educación Social se hace indispensable en nuestro tiempo.