Amor en guerra

Algunos pensarán en la novela turca de Nermin Bezmen en tiempos de la revolución rusa de 1917, otros lo contextualizarán en cualquier conflicto bélico de los que hemos estudiado en los libros o visto incluso por televisión, pero amor en guerra es ese sentimiento que nos embarga ahora, alejándonos unos de otros para no caer en la maldición de ser positivos. Una etiqueta tan compartida en el último mes que ha nivelado actitudes marginales entre sanos e infectados, alineado estatus y prolongado silencios.

Un comienzo de año atribulado, a ratos ansiosos por acabar con el hartazgo de pandemia y sus variantes, y otros acostumbrándonos a este juego de idas y venidas, que nos impide regresar al punto de partida.

Queriendo ser optimistas sin ser positivos, ¡qué paradoja! Asistiendo a un desplazamiento semántico inusitado de los términos negativo y positivo, recordándonos aquellas reflexiones de Carmen Martín Gaite en sus usos amorosos de la postguerra civil española, cuando «restricción y racionamiento» pasaron a abonar otros campos, para referirse a la represión sexual entre hombres y mujeres, impulsada desde las nuevas instituciones del régimen.

Parece que la receta es vivir el presente como un ‘pollo sin cabeza’

Parece que la receta es vivir el presente como un ‘pollo sin cabeza’, donde se busca la estimulación rápida y vacía de contenido, consintiendo a un cerebro aturdido y saturado que no sabe segregar la hormona adecuada para combatir el malestar actual, ausente de afectos y proximidad, ese que nos sitúa en un callejón sin salida ni perspectiva positiva o negativa, ¡quién sabe!