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Algunos recuerdos de juventud

Ahora que festejamos el décimo aniversario de la proclamación de Felipe VI como Rey de España, me vienen a la memoria, algunos recuerdos sobre su nacimiento. En primer lugar, recuerdo con nostalgia que al pasar con un buen amigo del colegio mayor delante de la clínica Nuestra Señora de Loreto, que estaba en la calle Reina Victoria cerca del colegio donde vivíamos, coincidimos por casualidad con la salida del entonces príncipe Juan Carlos, con la princesa Sofía y su hijo el infante Felipe recién nacido. La verdad es que nos quedamos un rato en la puerta porque había un pequeño grupo de personas que nos dijeron que iban a salir enseguida; cuando aparecieron para subir al coche que los esperaba, todos aplaudimos afectuosamente, y como deferencia, la princesa Sofía nos presentó al que hoy es nuestro Rey. Por tanto esto sería uno o dos días después del 30 de enero de 1968, día de su nacimiento. Casualidades de la vida que me permitieron estar presente en ese momento singular e histórico.

Se lo conté a D. Vicente Cacho Viú, un catedrático de Historia a quien yo tenía mucho afecto y contaba con mi más sincera admiración, y me comentó que Sofía de Grecia en realidad se llamaba Sofía Margarita Victoria Federica de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg, Así que ya sabes cual debería ser el segundo apellido del infante Felipe; no obstante, me dijo, será Borbón y Grecia. Por desgracia mi mala memoria hace que no recuerde la explicación que me dio al respecto, y como tampoco recordaba estos apellidos tan complicados de la Reina Sofía, los he tenido que buscar en los libros.

Por otra parte, la reina Victoria Eugenia de Battenberg, esposa del rey Alfonso XIII, que había abandonado España al día siguiente de que se proclamase la segunda República, es decir el 15 de abril de 1931, regresó a España el 7 de febrero de 1968 en una visita relámpago para el bautizo de su bisnieto, el entonces infante Felipe y hoy nuestro Rey. Al parecer, pensaba que nadie se acordaría de ella, pero al pisar el aeropuerto se llevó una grata sorpresa porque unas 5.000 personas se habían agolpado para darle la bienvenida. Entre ellas me encontraba yo, que estaba en segundo de carrera y acompañé a D. Vicente, quien me sugirió que al ser un día histórico, sería conveniente ir a recibir a la reina que no había vuelto a España desde que salió con el rey Alfonso XIII camino del exilio. D. Vicente, era un monárquico convencido al que yo respetaba, por lo que lo acompañé encantado.

Después del ágape que dieron en el palacio de la Zarzuela a modo de bienvenida, la reina Victoria Eugenia se trasladó al palacio de Liria, (propiedad del duque de Alba, Jacobo Fitz-James Stuart, jefe de la Casa de Su Majestad en el exilio), lugar donde se había acordado que la viuda de Alfonso XIII pernoctase. Como curiosidad, diré que en ese palacio, destruido durante la guerra civil, reconstruido posteriormente y que en la actualidad se puede visitar, falleció en 1920 la última emperatriz de los franceses, Eugenia de Montijo, quien había sido madrina de bautizo de la reina Victoria Eugenia.

El día siguiente por la mañana, la reina Victoria Eugenia hizo un recorrido por Madrid para recordar su estancia en España y activar su memoria; por la tarde volvió al palacio de la Zarzuela para asistir al bautizo del infante Felipe, cuyo padrino fue su abuelo Juan de Borbón y Battemberg y ella su madrina, que por cierto, también lo fue de su padre el rey Juan Carlos.

Vicente me explicó con todo detalle el atentado anarquista que sufrió el día de su boda, el 31 de mayo de 1906, que causó veintiocho muertos y más de cien heridos en la calle Mayor frente al edificio del Consejo de Estado. Días después, el anarquista que tiró la bomba escondida en un ramo de flores desde un piso justo encima del restaurante Casa Ciriaco, acorralado por la guardia civil, se suicidó. También me comentó que la madre del rey, María Cristina de Habsburgo- Lorena, se oponía a esa boda por la posibilidad de que la novia fuera transmisora de la hemofilia, enfermedad que podría dar al traste con la dinastía. Tras el atentado, el día de lo que se había denominado “la boda del siglo”, comenzó un matrimonio lleno de contrariedades; y la mayor sin duda fue cuando se proclamó la Segunda República y tuvieron que exiliarse. Alfonso XIII se instaló en Roma mientras que Victoria Eugenia prefirió Lausana; pero hoy están ambos enterrados en el panteón de reyes de El Escorial.

Y ya que recuerdo a D. Vicente Cacho, me gustaría contar que un día me dijo que iba a venir a Segovia y me pidió que le enseñase la ciudad. Y se la enseñé. Pero debo manifestar que en mi humilde recorrido, nunca aprendí tanto de la ciudad escuchando a una persona tan culta, tan educada, ejemplo de sencillez y simpatía. Él era un sabio y yo un simple estudiante, pero me trataba con una deferencia exquisita. Con su actitud me recordaba el consejo que me repetía siempre mi padre: “da prestigio al inferior, honra al igual y trata a todos como amigos”. Ese era D. Vicente, porque te concedía el prestigio que no tenías y procuraba que no se notara que era intelectualmente superior. Fue una lástima que nunca le tuviera de profesor, pero las charlas que mantuve con él en su despacho fueron las mejores clases de historia que he recibido.

Después de terminar la carrera lo visité en el Ateneo en varias ocasiones y cuando murió, unos colegas decidieron hacerle un libro homenaje; fue entonces cuando un amigo, también catedrático de Historia, me pidió que colaborase con un artículo. Lo escribí pero nunca lo envié porque me parecía que no era lo suficientemente laudatorio; sin embargo hace poco lo encontré revolviendo unos papeles, lo releí, y me dio pena no haberlo enviado porque aunque no llegaba a trasladar de una manera precisa y exacta mi excelente opinión sobre él, la verdad es que era bastante aceptable. Debe de ser que cuando eres joven te exiges a ti mismo más de lo debido.

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