Alberto Martín Baro – Una ley oportuna y necesaria

Cuando ya hemos vencido al coronavirus, como anunció el presidente del Gobierno al dar por concluido el estado de alarma, es el momento indicado para volver a plantear el Anteproyecto de la Ley de Memoria Democrática, que ya presentó el PSOE en el Congreso en enero de 2020. Así, el Consejo de Ministros ha aprobado el martes 15 de septiembre dicho Anteproyecto.

Ha sido la vicepresidenta primera del Gobierno Carmen Calvo quien, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, ha expuesto el significado de esta ley, que supone “el reconocimiento, reparación y dignificación de las víctimas del fascismo”, de “los desaparecidos” y de “los exiliados durante la Guerra Civil y la Dictadura”, para que la historia no se construya “desde el odio y el silenciamiento de los vencidos”.

Este país, en palabras de la vicepresidenta Calvo, “no se podía permitir ni un día más” sin esta ley, “un esfuerzo por homologar nuestra democracia en el mundo”. Habrá quien objete que, si nuestra democracia no está homologada en el mundo, el Gobierno en pleno debería dimitir al no haber sido elegido democráticamente. Pues no, esta contradicción solo la aprecian los que siguen la versión de los vencedores.

Todos hemos podido escuchar el clamor de las víctimas de los juicios del franquismo. Y es una ignominia que los seguidores de Franco se manifiesten un día sí y otro también multitudinariamente en nuestras calles y plazas. Por ello se prohíben en la nueva ley las actividades de exaltación y enaltecimiento de la dictadura.

La ardua y meritoria labor del Gobierno de Sánchez e Iglesias al desenterrar discretamente a Franco del Valle de los Caídos solo se verá completada cuando los monjes benedictinos sean expulsados de la basílica de Cuelgamuros y el templo religioso se convierta en un cementerio civil. También afirmó Calvo que “se reflexionará” sobre el derribo de la cruz que corona el templo y que, como todo el mundo sabe, es símbolo del nacionalcatolicismo, no del cristianismo universal.

Pero lo más importante y urgente de esta ley es que nuestros jóvenes y sus maestros podrán conocer la verdad histórica sobre la Guerra Civil y el franquismo. Por fin en España va a imperar una sola verdad bajo la vigilancia del Gran Hermano.

La reconciliación de los dos bandos de la Guerra Civil que se logró en la Transición fue solo un espejismo. La Ley de Memoria Democrática conseguirá la feliz convivencia entre españoles de distintas ideologías y creencias. Pues estas desaparecerán, o no podrán expresarse, acabando con la perniciosa libertad de pensamiento y expresión.