Ahí te quiero ver

El oficio de periodista o periodisto (también periodiste) es cambiante. Ya, ya sé que es una perogrullada, pero también de perogrulladas vive la sociedad –la una y la otra–, y no por ello se deja de escribir/describir y hasta se entra en detalles que, normalmente son los más ‘jodíos’ de digerir por aquellos quienes se sienten afectados por lo que el ‘pringao’ ha escrito.

A lo que te voy. El que informa tiene fácil escribir de deporte cuando se gana. Sentado ante el ordenador, o similar trasto, las teclas bailan alrededor de sus dedos. ¡Seis goles, seis! ha marcado el equipo. A falta de dos jornadas se han situado en la segunda plaza y todo es vida y dulzura. Si hay entrevistas –y las hay–, no habrá página suficiente para destacar la verborrea (verbosidad excesiva –RAE–), de los que están situados en la nube.

Más, hete aquí, que porque el césped estaba mal, porque el equipo de casa puso balones cuadrados en vez de los otros, porque los palos, los que conforman los límites de la portería, estuvieron siempre a favor del otro, por los 27 penaltis no pitados y los 423 goles anulados… el abismo se ve más de cerca. Y para el que tiene que escribir de ello, y aún peor si la temporada ha ido de ‘capa caída’, las teclas se le vuelven subversivas. Ya hace tiempo que se acabaron los adjetivos, sus parientes los adverbios y toda retahíla de frases hechas. Y, por si fuera poco, la mitad de la página -descrito ya todo lo describible-, sigue en blanco.

Lo dejó escrito Jardiel Poncela: ‘Ganarás el pan con el sudor del de enfrente’.
Y el ‘tío’ dio en el clavo (o con la tecla).