Adultos peligrosos

Ser mayor de edad y pensar como un crío es peligroso para la vida familiar y laboral y, si el adulto que piensa como un crío se dedica a actividades públicas, sus actuaciones pueden causar asombro, lástima… y hasta un poco de vergüenza.

Los organizadores, en Lérida, de una Feria para orientar el empleo juvenil, prohibieron al Ejército que pudiera estar presente con el argumento de que no se ajustaba al código ético de la Fundación, “basado en los valores y principios de la cultura, la paz y los derechos humanos”.

O sea, que los casi 3.600 militares que han fallecido en la guerra de Afganistán, por intentar atajar la crueldad de los talibanes, rebajar el número de atentados en Europa, o proteger los derechos para que las mujeres no sean tratadas peor que los animales, no se basan en los principios de la cultura, la paz y los derechos humanos en los que se basa la Feria de Lérida. Entre esos militares fallecidos hay 34 españoles, contando soldados, jefes y oficiales, pero también los hay de países como Suecia, Finlandia, Noruega, Países Bajos, en fin, estados europeos que no parecen estar a la altura de las exigencias de la Feria de Lérida.

Si en junio de 1944, antes del desembarco de Normandía, sujetos semejantes a los que organizan la Feria de Lérida, hubieran tenido poder y jerarquía en la II Guerra Mundial, estoy seguro de que hubieran prohibido a las tropas de Estados Unidos intervenir, y hoy estaríamos marcando el paso de la oca, camino de visitar la ya famosa Feria de Lérida, famosa por el infantilismo de sus organizadores.

Menos mal que un juez, que no tiene mentalidad de crío sin fundamentos ni inteligencia, ha ordenado que se subsane la tontería contemporánea y el Ejército estará presente

Menos mal que un juez, que no tiene mentalidad de crío sin fundamentos ni inteligencia, ha ordenado que se subsane la tontería contemporánea y el Ejército estará presente. Ya decía Dürrenmatt que el drama de nuestro tiempo es tener que demostrar lo evidente. Y si le añades unos pocos catetos nacionalistas, el cansancio está asegurado. Una tal Ada Colau hizo lo mismo en la antaño cosmopolita y, hoy, provinciana Barcelona.